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Esto es por Galicia y sus gentes,
allí nos acogieron.
Saudades
Me muero de saudades de la hiedra,
del musgo de Allariz, de Redondela,
de la Ponte de Rande, y de una estela,
de sentir el orvallo en Pontevedra.
Ansío en mi retina aquella piedra
del Pórtico sagrado en Compostela
y el son del...
A mis paisanos de este
gran pueblo que es Mundopoesía.
Mi pueblo
Mi pueblo solitario en los veranos
descansa por las tardes de la siega
y las profundas grietas de la brega
se curan con ungüentos en las manos.
Gavillas por doquier en los secanos
esperan a la yunta, y cuando llega
se carga una...
La vida todavía
La muerte se pasea y sobrevuela
a la cara tranquila de un anciano,
parece que le agota la candela
para después soltarlo de la mano.
Vacía va su barca sin la estela
de vida que le queda, viaja en vano,
no es pasto todavía de una esquela
y aún para algún féretro es temprano.
El...
Mis labios de nada vale
que te busquen entreabiertos
porque mi boca se seca
con vanos suspiros secos.
¡Ay cuánto desierto!
No ser dueño
Tengo el alma solícita de besos
y los tuyos tras fuerte cerradura,
no los tengas, mujer, allí tan presos,
que se asomen y dejen la angustura.
Y mis labios...
[...]
Me dicen que hay un mundo sin tristeza,
¡están viendo en tus ojos, con certeza!
El brillo de tus ojos
Lomafresquita
Sin ti no estaré cuerdo
No llega a mi ansiedad siquiera el sueño
que alivie y que anestesie cuanto ansío,
si acaso fuera hoguera que a tu frío
destierra con la rabia de mi...
El sueño del ciprés
Un ciprés entre piedras se devana
y rebasa las cumbres del tejado,
batallando en el viento, cimbreado,
en una guerra que ninguno gana.
Inmóvil tiende sobre la besana
la sombra junto al surco del arado
que salta la clausura del cuadrado
en huida solitaria siempre vana...
Los ensueños
Un sueño revestido de apariencia
sobrevuela y perturba al ser dormido
y un grito que semeja un estallido
a todo lo devuelve a la consciencia.
Y furioso se rinde a la evidencia
del onírico impacto acontecido,
se conduele del golpe, y sin un ruido
acata su acuciante virulencia.
Y...
Diez golosinas
Tus brazos encarnados se terminan
en diez dulces y largas piruletas
que son las golosinas con que aprietas
mis ansias enervadas que alucinan.
Y cuando me recorren me adivinan
aviesas intenciones, nada ascetas,
que luego con el índice sujetas
al ver con la pasión que se avecinan...
Tu envés
El envés que decora tu figura
te hermosea el compás cuando te alejas
y con las ansiedades que me dejas
no puedo manejar la tesitura.
Desprovista de su nomenclatura
tu espalda, demudada en dos bermejas
colinas de parábolas parejas,
al marcharte, imponente, te clausura.
En ese caminar...
... un punto de lo justo
Yo me enredo en tus formas, dulce musa,
de redondo asomar exuberante
y en la prenda sutil, y en el tirante,
con mirada solícita e intrusa.
Y en esa tesitura que me acusa
disimulo, mas nunca lo bastante,
mis ojos abandonan tu semblante
descendiendo y recaban en tu...
Tu carmín
El carmín de tus labios que perfila
la delicia que tienes en el gesto
de encarnados matices, por supuesto,
me seduce, me arroba y me encandila.
Con brillante destello que rutila
siempre pone en mi ser de manifiesto
la esencia varonil, y así por esto
también se me dilata la pupila...
Tus almenas
Me agoto del poder de tu conciencia
marmórea que cubre mi mortaja
que por dura y maciza no se raja
aplastando mi ardor con su prudencia.
Y ahogas mi brutal concupiscencia
destinando mi mar a una tinaja,
que oprimido con una estrecha faja
ni embiste en sus mareas con violencia.
Tú...
Las debidas precauciones
Me matan las debidas precauciones
que tomas a mi lado talentosa
de cuando, con mirada candorosa,
escondes, a la vez, las tentaciones.
Así te pediré que le condones
las deudas a mi vista, si nerviosa
desciende por tu blusa cuidadosa
que oculta mientras muestra tantos...
Almuerzo solidario
En cada almuerzo bueno y solidario
disfrutan la comida con un vino
al tiempo que las cosas del destino
a mí me lo prohíben por contrario.
Al lado, copa a copa, fluye vario
en denominación y sabor fino,
de largo va pasando en su camino,
sutil y a beneficio de inventario.
Así...
Intimidad
Solos mi Niño estamos, Tú dormido
en el pobre pesebre; al Nacimiento
no lo toca ni un pálpito de viento
en esta intimidad sin ningún ruido.
Me acerco y me arrodillo, Dios nacido;
y cómo mira Madre, de contento
estalla el San José sin movimiento,
¡qué gozo, mi pequeño, haber venido...
Sonrisa fugaz
Un ser anciano clama en el desierto,
en una soledad terrible y dura,
se encorva y mira al suelo, con figura
de árbol inclinado y casi muerto;
metáfora final del frío huerto,
sin vida, sin asuntos, sin ventura,
presagio ya de triste sepultura,
en silencio, sedente, huero, yerto...
Respóndeme
Cuando me miras tú, faz lacrimosa,
y no puedo saber qué es lo que piensas
mis ansias se convierten en inmensas
y el alma en la prisión más tenebrosa.
Y tu voz, de ligera y silenciosa,
las estancias que habitas hace densas,
se cortan, las distancias son extensas
y en ellas mi mirada...
Hermanos, los que estáis en lejanía
[…]
Hermanos
Dámaso Alonso
Ocaso en la playa
A veces, en la playa, al fin del día
despido al tibio sol, y con la mano,
que extiendo hacia el oeste y al hermano,
vïajo allende el mar en lejanía.
Y exclamo aquel soneto que decía
que todo en español es más...
Puente de amor
*
Como la Luna rige a la marea
así mi alma abre sus anhelos
a las aguas del tiempo, sin sus hielos
para que alegres fluyan por mi aldea.
Haré un puente de amor desde el que vea
el hogar de tus sueños y desvelos,
que me cruce a las lumbres de tus cielos
y me funda contigo en roja...
Tu hoyuelo
Me gusta ver la forma del hoyuelo
que tienes, si te ríes, en la cara
pues pone a mi pasión que se dispara
llegando hasta los límites del cielo.
Es como si me echaras un anzuelo
sabiendo que si acaso no picara
es porque sé muy bien qué me depara,
¡el no calmar las furias de mi celo...
Oscuras auroras
La casa triste está con tu vacío,
sin tu voz, sin tu cuerpo, sin tus pasos,
estos pobres sonidos son escasos
e inundan el ambiente con el frío.
Ausente está el calor, y este gentío
recuerda a los inviernos. Los ocasos,
ayer de color rojo en cielos rasos,
hoy se estancan...
Yo me dormí
Yo me dormí después de haber tenido
tu cuerpo entre mis manos codiciosas,
que se quedaron tristes, quejumbrosas,
tras la furia violenta del sentido.
Y volvieron los ecos del gemido
de aquellas mis mareas amorosas,
de nuevo los perfumes de tus rosas
llegaron en la noche, ya sin...
Niño enfermo
Bendita sea tu madre, niño mío,
bendita sea la mano que te ayuda
en esa soledad enferma y cruda
y en esa guerra enorme contra el frío.
Por un inmenso error y desvarío
se lanza sobre ti la flecha aguda,
certera y destructora, que no duda
en matar la esperanza en el envío.
Bendita...
Soneto
El poeta lloraba, desdichado.
LIoraba por su musa, a llanto suelto.
En su angustia perdió su andar esbelto;
al poeta la cruel musa ha dejado.
Andando todavía en ese estado
el amor por su musa fue disuelto,
su tormento amoroso fue resuelto;
de su musa el recuerdo fue olvidado.
Recupera...
En el principio era el Verbo...
Juan 1,1
Tu palabra
Ahora que lo triste día a día
acompaña a la herida que no cierra,
que libro en mi interior la crüel guerra
y nace agonizante mi alegría,
ahora, en esta enorme lejanía,
tu voz dentro del alma se me aferra
y todo lo que existe en esta tierra...
La queja enamorada
En tanto que mi voz desaparece
y pierde intensidad, se difumina
en un eco que apenas se adivina,
la tuya más sonora me parece.
En tanto que se alarga, en tanto crece
mi pesar tu semblante se ilumina
y erguida tu figura, si camina
a mi lado a la mía la ensombrece.
En tanto...
A Marisa, recién abuela
Se ha llenado tu alma con la prisa,
tus labios con el beso y la ternura
y tu oído de aquella partitura
de aliento diminuto, como brisa.
Se ha llenado tu rostro de sonrisa
y en tus brazos se cuaja la hermosura,
y el amor sosteniendo a la criatura
con su luz que a tu...
Tristeza
Tristeza mala amante y compañera,
que restalla el costado cuando alcanza
y dobla el espinazo a la esperanza
mostrando así la muerte que libera.
Tristeza, en el bullicio, es la sordera,
que afila las palabras como lanza,
que vuelca al mal el fiel de la balanza,
haciendo un gran canchal...
En los recuerdos de un rey
Tras la egregia figura del Veleta
casi con la humildad de una colina,
a su izquierda tan solo se adivina,
enhiesto, el mascarón de una goleta.
Y le clava en los cielos su saeta
aquel grande de España que ilumina
como un faro a la Vega Granadina
cuando el sol en su...
La dueña
Tiene cara que ofende por ingrata
y su oblicua mirada me marea
cuando sobre los muebles se pasea
y asegura el poner bien cada pata.
Con uñas afiladas desbarata
tapizados o alfombras, lo que sea,
la comida del plato cuando husmea,
si le gusta, sin más también la cata.
Aquí vive la...
La infancia duradera
De tarde, cada tarde, con mi abuelo,
de su mano, me iba a ver el tren
y el tiempo lo pasaba en el andén
llevándome el olor en todo el pelo.
El ruido parecía ser del Cielo,
silbidos, y el metálico vaivén,
y el quiosco, sobre todo, un almacén
de ilusiones y dulce caramelo...
La nada sin filosofía
La nada con la noche no se entiende
que en ella iluminando está la Luna,
tampoco con la ausencia inoportuna
ni con lo que el oído sordo atiende.
La nada solamente la comprende
aquel que siempre y cada día ayuna
y tiene tanto frío por la hambruna
que apenas tiritando se...
Necesario
Tengo miedo al dolor, que no a la muerte,
a los instantes previos de agonía,
a mi torpe reacción llegado el día
que me anuncien, fatídica, esa suerte.
Tengo miedo de no saber quererte
con más ansias y prisas todavía,
como nunca te quise, no se fía
más tiempo al que muriendo va a...
José y las nueve musas
José que cuando escribe necesita
algunos requisitos que le inspiren
temiendo que las musas se le piren,
se ayuda, pero no de agua bendita.
Así le acuden prestas a la cita,
por sus versos, no extraña que suspiren
y que tras el poema se retiren
contentas, que es rumboso y...
De bajos porcentajes
Con más o menos cinco como el viento
escribo algunas letras que tenía,
habré de darme prisa, no sabía
que andaba yo tan corto del por ciento.
Tengo la sensación de que el aliento
me fuera escaseando, o todavía
peor porque no tengo batería
y puede esto apagarse en un...
Soneto de las siete y quince
¡Qué mala rima es ésta, siete y quince!,
no tengo ni remedio, ni escarmiento,
de andar berenjenales, de momento
saldré bien de este haza sin ser lince;
Caramba me lastimo, pues esguince
me vale por ahora, me da aliento,
pero con el esfuerzo lo que siento
es que una...
"Capicúa", ¡vaya rima!
Las seis y treinta y seis, es capicúa,
la rima es, desde luego, bien extraña,
diréis, a ver el "tío" si se apaña
o él mismo se ha clavado alguna púa.
En fin, buscaré rimas con ganzúa,
y así voy comprobando que se ensaña
conmigo, que pensaba, –"tengo maña",
a ver si una...
Miserere mei...
Olvido
Si miras a tu hijo en su calvario,
su mente que es su cruz y su martirio
verás el empellón de color lirio
desde tu gran silencio en el sagrario.
Ves a tus predilectos a diario
que acuden, se perfuman con el cirio
pascual, en tanto yo con mi delirio
enfermo, vago triste...
A Don Fulgencio Cibertraker
El poeta, la bici y el espino
Fulgencio, cuando monta en bicicleta,
se calza una durísima armadura
por causa de la tierra, también dura,
y aguanta estoicamente si le aprieta.
Así va recorriendo en la meseta
la senda más difícil e insegura,
aquella que mejor y más...
A Lomafresquita.
¡Buenos días!
Las nueve menos cuarto, ¡buenos días
te mando, buena amiga!, por si acaso
te encuentro levantada, y ya de paso
sabré si has hecho nuevas poesías.
Ya ves, yo por aquí, las alegrías
parece me abandonan, no hago caso,
que aún con esta pájara mi escaso
decir es...
I
Para que de una vez te siga y vea
Apenas un chiquillo y las mujeres
estaban a tu lado en el martirio,
y yo, por otro lado, en tanto mueres
ajeno permanezco en el delirio.
¡Deliro, sí!, por tanto que me quieres
y no te puedo ver ni con el cirio
que alumbra los despojos que Tú eres,
cerúleos...
Por sentirte, al leer, algo mejor
Prefiero para ti el itinerario
que tenga en la palabra lo bastante,
tal vez, sin la metáfora impactante,
huida del exceso lapidario.
No quiero destilar del diccionario
esencias de perfume mareante,
que no debas ponerte ningún guante
por algo que saqué del...
Ese gran español, Rafa Nadal
Constante en la victoria tras victoria
luchó con tal valor quitando el cieno
que a aquella inundación le puso freno
y fue el manacorí de nuevo historia.
El pueblo que lo lleva en la memoria
lo admira por templado y por sereno
y el vencido por él se siente bueno...
"Amigo", "contigo"
A veces, todo envuelto de tristeza,
el día largamente se eterniza,
el sol se ve cubierto de ceniza
y llenos los jardines de maleza.
No es solo lluvia fina en la cabeza,
es algo más profundo, que enraíza,
que encierra, no saber qué paraliza
sentir una emoción o la belleza...
Entre neones
Anduve algunas veces por desiertos
de angustias y de torpes ansiedades,
acaso entre el color de las ciudades
no vi los fuegos fatuos de los muertos.
Cegado, con los ojos bien abiertos,
y sordo del escándalo del hades,
no pude ver ni oír cuántas maldades
maquinan los demonios...
Medidas desesperadas
No vengas a buscarme, ¡pasa, pasa!,
que amores tengo más para ser dados,
y aún, con mis cabellos plateados,
me queda entre sonrisas cierta guasa.
Si vieras mi salud un tanto escasa,
que sufre con los días más nublados,
le pongo los remedios adecuados
y cierro los postigos...
[...]
Oíd, que ya es muy vaga,
que ya es muy dulce, que se va y se apaga;
dejando entre las verdes soledades
¡saudades, y saudades, y saudades!
Sinfonía gallega
Manuel Machado
I
Mística quietud
(Peregrinar)
Con mística quietud en el repecho
un manto misterioso de verdura
va creciendo en...
... perro que no me deja ni se calla
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
[...]
Umbrío por la pena, casi bruno
Miguel Hernández.
Displicencias
No me busques compases de alegría
que muero lentamente solo y uno,
con gruñidos de un perro inoportuno
con un timbre de voz que conocía.
Y...
Los frescos de San Nicolás
de Valencia
Detalle tras detalle no visible
a causa de la altura en lejanía;
es claro que el autor lo pintaría
ajeno del aplauso apetecible.
Un juego de color, en imposible
equilibrio, en la bóveda ponía,
allí que solamente lo vería
aquel cuya mirada es infalible...
Abrojos
Nada existe más vacuo que la caricia ausente,
que la boca cerrada, que una mano hacia abajo,
que el vacío es inmenso cuando el alma no siente
y ademas es alegre con gentil desparpajo.
La sonrisa que hiere, la que muerde y se clava
es como de aguijones si mordaz el semblante,
que un...
Al borde del abismo
Al borde estoy temblando en el abismo,
no acabo de caer en lo profundo,
con trémulo estertor me mira el mundo
y allí, terrible, todo es del mutismo
El Cielo no me ampara por lo mismo,
no ampara pues mi ser es infecundo,
sin voz, tan solo el eco –"no"–, rotundo,
mandándome...
Abyecta monosemia
Confuso estará el cielo de tormenta
del trueno de una voz que lo equivoca
que el fuego que ha salido de esa boca
de brasas del infierno se alimenta.
Sonido horripilante que atormenta,
la náusea, de las heces, la provoca,
un rito de asco y cieno con que invoca
al mal que a...
Ceremonial
Se elevan las delgadas nervaduras
hacia la solitaria piedra clave,
e ingrávidas, suspensas, en la nave
sostienen las pesadas estructuras.
Un coro diaconal de voces puras
al frente, en procesión avanza, grave,
y entona una salmodia que, süave,
se mezcla con incienso en las alturas...
También a Fulgencio Cibertraker,
con afecto.
Vestida de Violante está Isabel
(Soneto a las cinco de la madrugada)
Vestida de Violante está Isabel
y dice que el disfraz ese la abruma,
me pide algún soneto de mi pluma
y saco mi tintero y un papel.
Catorce versos tiene el bravonel
y el sexto se...
Esa rosa de la fe
¿Qué me hiciste, Señor, en esta herida?,
¿me la abriste, tal vez, porque cerraba?,
¿o quizás por la costra que ocultaba
la secreta penuria de mi vida?
O tu mano de padre que me cuida
me devuelve el dolor que se alejaba,
un regalo de amor que no esperaba
que despierta mi alma...
No hagas memoria
Aún no, mi Señor, que es muy temprano,
no me llames aún a tu presencia,
que temo tu justicia y tu sentencia
por haberme soltado de tu mano.
Aún no, Padre Dios, que en mi secano
crecen tristes ortigas de inclemencia,
míralo con piedad y con paciencia
por si nace una espiga y...
A un poeta que tachó
Ayer, cuando mostrabas tu soneto,
noté lo pensativo que leías,
que al punto su tejido deshacías
no dejando cuarteto ni terceto.
Y luego de inmediato y sin asueto
una hora y otra hora proseguías,
en tanto poco a poco lo escribías
para hacerlo, de nuevo, por completo.
Ayer...
Soneto casi coprológico
La voz del ojo que llamamos pedo,
ruiseñor de los presos, detenida,
da muerte a la salud más prevenida
y el mismo Preste Juan la tiene miedo.
Mas pronunciada con el labio acedo
y del antro canoro despedida
con risas y con pullas da la vida,
y con puf y con asco siendo...
Jamás confiados
Pobre del desdichado que le apriete
el vientre en un momento delicado,
y no teniendo a mano el excusado
suspire por las gracias del retrete.
Lástima del que, estando en ese brete,
no toma precauciones, descuidado,
que algún retortijón se ha comprobado
muy fácil es que se...
Los ojos solidarios
Si acaso del calor esa sustancia,
pastosa, algún descuido deshidrata
se adhiere cual malvada garrapata
al sitio más ayuno de elegancia.
En esta desgraciada circunstancia
se forma la cascarria que maltrata,
pues pincha e incomoda y arrebata,
y arruina al gentilhombre la...
Limpiando el cutis
¡Oh punto!, entretenido y delicioso,
solaz para el que estruja y el que mira,
que aquel que con dos dedos te retira
el ánimo lo instala en lo gozoso.
Mas si acaso eres grande y generoso,
y lleno de sustancia, se te admira,
al punto de apretarte se suspira
notándote lo dúctil...
Sombra y muerte
Despliega su capote el desconsuelo
y enfrente del toril hinca su pena;
nada sabe de huérfanos la arena
ni tampoco de lutos un pañuelo.
Un agudo sonido corta el cielo
que acalla al graderío en tanto suena,
y un suspiro de asombro todo llena
al correr una sombra por el suelo...
A José Galeote Matas,
buen amigo y buen padre.
Ese gran oficio
Qué nobleza tendrá ese gran oficio,
sin descanso, que nunca se termina,
la edad o la salud no dan resquicio,
y el camino es la paga al que camina.
No acabarlo es el fin del edificio,
y excavar el motivo de la mina,
a la vez, si...
Quiero ser abuelo
Pues voy teniendo pinta ya de abuelo
y aún no corretean a mi lado,
quisiera con ternura haber limpiado
los mocos a un chaval con mi pañuelo.
Rozar eternidades en el cielo
es ver a un pequeñín y, con cuidado,
dormirlo, si se hubiera despertado,
colmándolo de besos y consuelo...
Indeciso
Me llaman indeciso y se comprende,
o no, tal vez, quizás, no estoy seguro,
lo dudo, no lo sé, ¡menudo apuro!,
más tarde te diré, todo depende.
Yo pienso..., realmente que por ende
parece..., espera un poco, lo maduro,
aún no tengo claro, me figuro...,
tener una opinión, ¡quién lo...
A mi querida poeta
Bien podrían
Bien podrían las musas coronarte
con diademas de perlas y de oro,
mil tritones de caracol canoro
darte honor y los mares levantarte.
Bien podrían los faunos elogiarte
con pífanos y versos tu decoro,
o los elfos con cánticos a coro,
inspirados en ti, glosar tu...
Me dices que me quieres, no lo dudo
por mor de este soneto y de su rima,
que yo te quiero más si estas encima
y más estando encima tu desnudo.
Verás, si tú no puedes yo te ayudo
que ganas no me faltan que me oprima,
dulcísimo, el vaivén que no dé grima,
sudando, en tanto que yo quieto sudo...
Remediando el silencio
El silencio desploma su osadía
e insistente se queda y va pitando,
y al tiempo que también va taponando
me aísla y ensordece en ese día.
Así es que se me adhiere con porfía
agrandando al mutismo; compactando
macizo en el oído va quedando
con formas de inclemente...
Quince de agosto
¡Callad, que Nuestra Madre tiene sueño!
¿No veis cómo su cara resplandece
y el rictus de dolor desaparece?
¡Cuánto debió sufrir pegada al leño!
¿Recordará a Jesús siendo pequeño?
¿Qué tiene su sonrisa que parece
que acuna al Niño Dios y que lo mece?
¡Oíd cómo susurra: "Amor...
A tus piernas
La imponente y solemne simetría
que, ingrávida, te eleva hacia la altura,
nacarada, te funde a la cintura
proezas de alabastro y poesía.
Quien te hiciera tal molde rompería
solo al ver, con asombro, en su escultura,
la exacta columnata en alzadura,
y supo que otra igual ya nunca...
El seto de ciprés
La almena verdinosa que rodea
la casa, vegetal, en su espesura,
defensión a lo íntimo procura
si acaso una mirada merodea.
Mas cuando mi mujer allí pasea
o pretende descanso en la blandura
del césped, me la guarda en su clausura
para que únicamente yo la vea.
Además, por...
A Isabel Camacho
(Lomafresquita)
Aquellas horas junto al río
Las horas transcurrieron muy deprisa
en el jardín del sueño junto al río
y el tiempo quiso hacerse todo mío
en brazos del afecto y la sonrisa.
De vez en cuando el agua, con la brisa,
nos daba un agradable escalofrío
y entonces la...
La peor de las peores
El placer que produce la avaricia
es solo por contar el oro oculto,
y al dar a tal señor tan alto culto
en sí misma se envuelve y se acaricia.
Disfrute es la lujuria, pero envicia,
y al sabio lo convierte en un estulto,
sin temple anega todo con tumulto
e histriónico...
Remiendos
De tanto ir y venir, de tanto paso,
se hizo en mi zapato un agujero,
con oficio le han dado algún repaso
librándolo esta vez del vertedero.
Es posible, llegando ya mi ocaso,
que sea necesario un zapatero
para poner remiendos al fracaso
y al alma medias suelas de buen cuero.
Al...
[…]
… que muestras al que en ti su bien conquista
los montes llanos y los mares secos;
[…]
A la noche
Félix Lope de Vega y Carpio.
Ay noche
(Soneto, a modo de glosa)
Ay noche, locutora de mentiras,
que elevas a discursos los mutismos
y disfrazas de prados los abismos
con embelesos que después...
Tu lágrima es un brote diamantino
que trémulo desciende en la mejilla,
perlado rebosar que fluye y brilla,
y guarda en sus esencias lo salino.
Tu lágrima es goteo cristalino
de pena alambicada, y sin mancilla
a veces se suspende y maravilla
al párpado que ampara su destino.
Tu lágrima es...
Tú fuiste un gran amor inacabado,
camino sin final no recorrido,
tú fuiste cuadro, al fin, descolorido,
al cual dejó el buril difuminado.
Tú fuiste el gran trigal jamás segado,
vacío de gavillas y de ruido,
tú fuiste pasajera del olvido
al tiempo que reinaste en mi pasado.
Tú fuiste mi caer al...
... y sé que me amas
Despierto con la magia del momento,
hasta el aire parece que se atreve
a llamarme a la vida, suena el viento
al cristal devanado, arcano y leve.
Despierto, y tengo sed y sigo hambriento,
la luz no será luz hasta que pruebe
el agua y el sabor del alimento
gozoso del asombro...
A José Galeote Matas,
ilustre iznajeño.
Iznájar
Se extiende un pueblo blanco en la ladera
entre el atardecer y la amarilla
luciérnaga que apenas ahora brilla
mostrando la campiña olivarera.
Arriba, solitaria, la señera
iglesia, y el castillo de la villa,
y al fondo, en un gran lago, una...
Recuerdo fugaz
Casi como la llama de una vela,
a veces diminuta y titilante,
llega para quedarse algún instante
la imagen que persiste de mi abuela.
Y en esa vibración de la candela
se escucha algún perol burbujeante,
el guiso va esparciéndose humeante
y está sobre el mantel limpio, de tela...
Desagradecido
En una sala estuve como interno,
y allí en inmejorables condiciones,
sobrado de cuidados y atenciones
que a mí me parecían del infierno.
El pan del desayuno estaba tierno,
más caras fueron las medicaciones,
un lecho, ropa limpia, habitaciones
calientes, tirité como en invierno...
He vagado perdido en el desierto
y por fin un oasis se divisa,
con el agua y el dátil que precisa
mi cuerpo mancillado y medio muerto.
Me recibes de par en par abierto,
y me lavas de mugre la camisa
y por Ti todo en mí se vuelve prisa,
me agostaste de cardos todo el huerto.
Ya la sed me has...
Hoy mi día será para la pena,
que se retuerce tal que fiera espada,
me lacera la entraña de afilada
y con indiferencia me cercena.
Hoy siento sepulcral toda la arena,
desértica y sin fin, sobre mi nada;
su duna poco a poco silenciada,
me cubre sin piedad y me adocena
Hoy no tengo el consuelo...
En la noche silente, cuando el mundo
duerme, cuando titilan las estrellas
con brillos de colores, cual centellas
palpitantes, me siento, en un segundo,
inmerso en el misterio y, vagabundo
con mis sueños, siguiendo voy sus huellas;
embriagado de tantas cosas bellas,
me invade un sentimiento muy...
Fluye, corriendo lejos de esta tierra,
abandona este terrón seco y duro
este hogar de áspero fruto maduro
avivando cuanto la tierra encierra.
De encinares tus campos sin camino
de alma de sudor, de pasto cobrizo
de tajos crueles y profundos que hizo
al correr, un torrente diamantino.
El agua...
Te recuerdo
Te recuerdo esperándome en la puerta
con abrazos sin fin, la dulce boca
carnosa que me dabas como loca
y cómo la dejabas entreabierta.
Te recuerdo mirándome despierta,
y tu lágrima, como cristal de roca,
cayendo de ansiedad porque era poca
la tarde que nacía medio muerta.
Te...
De gimnasios, verduras y cintos
Cuántas veces miré para otro lado
de un gimnasio, marchando a toda prisa,
mazmorra del terror, que es de tal guisa
que no habrá otro lugar más despiadado.
Por eso fue quedándome ajustado
el calzón, y movía a la sonrisa,
y un botón disparé de la camisa,
por...
Nem ao além
Eu já não tenho medo até do além
tenho medo ao meu mesmo sentimento
que precisa do seu contentamento
e só pra outros a sua atenção mantém.
As tardes não são tardes se não vem,
quando, devagarinho no tormento,
vou calado, sem voz e sem lamento,
mas sempre procurando-te também.
Meu...
Prantos de crianças
As cidades parecem mais vazias
sem o som habitual daqueles prantos,
além disso as lembranças dos espantos
ressoam poderosas nesses dias.
Nossos silencios são para essas crias,
esquisitos e azedos desencantos,
ou suas mães, nos lugares sacrosantos,
advertem-se com sérias...
Pelusilla en el ombligo
Tal vez si algún poema, cuando abunda
los defectos, dictara la sentencia,
no extrañe que resuene a displicencia
si acaso conjugara en la segunda.
Tal vez la reflexión sea profunda
si es trasunto del ego y la conciencia;
la propia es solo fuente de experiencia
y la ajena...
dejad que los niños se acerquen a mí
Llantos de niños
Las calles me parecen más vacías
sin el son beatífico del llanto,
más bien lo que remeda el desencanto
resuena poderoso en estos días.
Las pausas silenciosas son impías,
displicente rechazo al tierno canto;
o a las madres, en sitio...
Sonetos que os volvéis un nuevo canto
en los mares infinitos del silencio:
¡Salid de vuestro nido!
¡Dejad vuestra parábola en el viento,
pues os espera el amor que ha navegado
para llegar a las aguas de los versos!
¡Salid! ¡Salid! ¡Por compasión
y por piedad hoy os lo ruego!
¡Enamorad a todos...
A Luis Adolfo Izquierdo del Águila.
Tú, amenazante hija de la arquitectura
y de la desordenada simetría,
[...]
y la bandera verde permanente
ondeaba al viento, ausente, cada tarde.
Ciudad
En el Nombre del Tiempo.
L.A. Izquierdo del Águila.
Madrid
Andando bulevares te imagino
en busca de...
A José Galeote Matas
en su aniversario.
¡Alegrarte, amigo!
Haciendo el Via Crucis voy camino
con dolor, y es urente, y poco aguanto;
¿qué versos hoy serían, por lo tanto,
los mejores, sin ese desatino?
Por eso no concedo estar mohíno
si quiero que te llegue bien el canto,
el que exilia de...
SENSACIONES
Hoy que me siento alegre, sin razón
especial que dé impulso a mi alegría
no me pregunto nada y, sin porfía,
dejo latir contento al corazón.
Saber aprovechar esta ocasión
de sentirse vivir en armonía
no es algo que me ocurra cada día,
en general carezco de ilusión.
Mas estas...
A Mila García Blanco,
con gratitud.
Alamedilla
Tristeza es lo que a veces aparece,
y se yergue, y es álamo sediento
de aquella Alamedilla, en el momento
que tanto Salamanca se atardece.
Y sin columpio alguno no se mece,
como antes se mecía el sentimiento,
a mis diez, que notaban en su asiento...
A María Luisa,
compañera de tanto.
La heroína del Alba
Tú no tienes un traje de heroína,
y tampoco te encuentras en las hojas
de la prensa del día, y tus congojas
pasto son de un archivo de oficina.
Pero marchas, ¡arriba!, en la colina
cuando apenas se ve, que no son rojas
las luces del albor...
Lo raro sería…
No creo ser poeta un sólo día,
ni siquiera habré sido algún momento,
cada cual las navega con su guía
y su brújula en este firmamento.
Escribí del recuerdo que tenía,
del dolor, o a mitad del sufrimiento,
o tal vez en la efímera alegría,
o en mucha soledad, o sobre el viento.
Y...
bienaventurados los que lloran
Don de lágrimas
Llorar, llorar, llorar, como un chiquillo,
pero en la soledad, que no se enteren,
que no penen por mí, si es que me vieren,
que mía es la razón, si así me humillo.
Que no vean los hierros del tobillo,
los que, por tumefacto, se me adhieren...