soneto

  1. lesmo

    Las campanas del Miño (Soneto)

    Venía por el aire su doblar en la tarde de aquel hermoso día, como cantos llegados de alegría tal si fuera un precioso conversar. Y fue entonces también como soñar que al mirar en el puente la sombría corriente caudalosa parecía hasta el Miño quisiera ya ser mar. Y en ese recital del...
  2. lesmo

    Reseca mirada (Soneto)

    Reseca me has dejado la mirada que olvida por tu causa el parpadeo, sin agua de una lágrima asomada y así ni tus vacíos ya los veo. Mis ojos si no estás son casi nada pues solo son dos cuencas y yo creo que tengo la pupila emponzoñada con el dulce veneno del deseo. Si acaso en esta noche...
  3. lesmo

    Gota a gota (Soneto)

    Cuento como me cae gota a gota el dolor en mi alma destilado, como licor amargo acidulado, del peso del mercurio y la derrota. Cansado desafino en cada nota de mi adagio terrible y angustiado, arrítmico, de un tempo desairado y de una partitura que me agota. Es tan vivo el dolor que se me...
  4. A

    Ser humano

    Sangre de hombres atroces corre por mis venas, Mi corazón lo sabe, mi seso lo presiente, Si corazón y seso no me mienten, Soy el último eslabón de esta cadena, Que arrastra el ser humano en su condena. Esa herencia malvada, delincuente, Alimenta mi sangre en su torrente, Con toda la maldad que...
  5. A

    Ahora

    Ahora me siento viejo, como las piedras, Laja de pedernal tallada por la mano, De un hombre primitivo, un ser humano, Que nunca se arrodilla ni se quiebra. Cansado de tensar la ruda cuerda, Que amarra mis demonios más cercanos, Correcto en casi todo, un hombre ufano, Que ni espera un futuro ni...
  6. lesmo

    ¡Hasta siempre, amigo! (Soneto)

    Un adiós me fue siempre desconsuelo, nada importa el motivo de partida, pues me vi con la triste despedida como niño que pierde un caramelo. ¡Marcha amigo tranquilo con tu anhelo! a tu lucha ferviente y encendida que mi mano la llevas extendida, la tuya agradecí, ¡bien sabe el Cielo! Y llévate...
  7. lesmo

    Sencillo, como una madre que conozco

    Vibra el eco en tu pecho del amado, del alegre susurro y de la queja y tu alma esponjada nada ceja ante la buena nueva o mal recado. Todo cabe en tu oído ya cansado al ocaso rojizo que se aleja en la sombra que tanto se asemeja al vacío de cuando no has estado. Nunca miras a nadie de reojo...

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