Una Mañana hablando del Papa en Madrid

Petrikov

Poeta recién llegado
Hoy vi al Papa por la televisión pequeña de la cocina. La imagen se cortaba a veces porque la antena lleva meses mal, pero daba igual, se entendía el ambiente. Madrid estaba llena de gente, de banderas, de policías y de ese ruido raro que tienen las ciudades cuando pasa algo importante.

Mi mujer estaba haciendo té mientras yo miraba la pantalla medio distraído. El presentador hablaba con una solemnidad exagerada, como si estuvieran retransmitiendo la llegada de un emperador romano. Entonces ella miró la televisión y se rio un poco.

—Ese nombre del Papa me recuerda a uno de esos políticos del siglo pasado que tanto te gustan.

Le dije que no empezara. Ella siguió riéndose sola mientras dejaba la taza encima de la mesa.

A veces pienso que mi mujer es la única persona capaz de burlarse de mis discursos soviéticos sin que me moleste.

En la televisión la gente lloraba al verlo pasar. Ancianas haciendo la señal de la cruz, chavales grabándolo todo con el móvil, periodistas hablando atropelladamente. Y yo no sé… no sentí odio ni nada parecido. Solo esa sensación extraña de estar viendo una costumbre muy vieja sobrevivir en medio de una ciudad moderna.

Porque luego cortaban la cámara y aparecía Madrid como siempre: un repartidor sudando en bicicleta, turistas perdidos en Gran Vía, camareros recogiendo mesas, alguien discutiendo por dinero. La vida normal.

Nunca entendí del todo la religión. Creo que demasiadas veces convierte la tristeza en obediencia. Pero también entiendo por qué la gente necesita creer en algo. Hay personas que solo tienen eso para levantarse por la mañana.

Mi mujer me preguntó si iría a verlo si pasara por nuestro barrio. Le dije que probablemente no.

—Claro —me respondió—. Tú solo sales a la calle por ajedrez, libros o revoluciones imposibles.

Y tenía razón.
 
El futuro es incertidumbre.
No en balde el ser humano busca fuentes de certezas.
Ya sea una religión, un trabajo, una obligación o liderazgo... el corazón recobra sus latidos intensos.

Saludos cordiales Petrikov.
 
El futuro es incertidumbre.
No en balde el ser humano busca fuentes de certezas.
Ya sea una religión, un trabajo, una obligación o liderazgo... el corazón recobra sus latidos intensos.

Saludos cordiales Petrikov.
Me alegro de que le haya hecho reflexionar!!!!Que un texto abra un debate sobre la condición humana es la mejor señal de que funciona.
 
Encuentro exagerado todo este barullo del Papa por aquí y por alla. pienso que son más los interese económicos que se obtienen con esta visita. Pero será por ser ateísta seguramente. Me removiste el pensamiento con tu redacción.

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Hoy vi al Papa por la televisión pequeña de la cocina. La imagen se cortaba a veces porque la antena lleva meses mal, pero daba igual, se entendía el ambiente. Madrid estaba llena de gente, de banderas, de policías y de ese ruido raro que tienen las ciudades cuando pasa algo importante.

Mi mujer estaba haciendo té mientras yo miraba la pantalla medio distraído. El presentador hablaba con una solemnidad exagerada, como si estuvieran retransmitiendo la llegada de un emperador romano. Entonces ella miró la televisión y se rio un poco.

—Ese nombre del Papa me recuerda a uno de esos políticos del siglo pasado que tanto te gustan.

Le dije que no empezara. Ella siguió riéndose sola mientras dejaba la taza encima de la mesa.

A veces pienso que mi mujer es la única persona capaz de burlarse de mis discursos soviéticos sin que me moleste.

En la televisión la gente lloraba al verlo pasar. Ancianas haciendo la señal de la cruz, chavales grabándolo todo con el móvil, periodistas hablando atropelladamente. Y yo no sé… no sentí odio ni nada parecido. Solo esa sensación extraña de estar viendo una costumbre muy vieja sobrevivir en medio de una ciudad moderna.

Porque luego cortaban la cámara y aparecía Madrid como siempre: un repartidor sudando en bicicleta, turistas perdidos en Gran Vía, camareros recogiendo mesas, alguien discutiendo por dinero. La vida normal.

Nunca entendí del todo la religión. Creo que demasiadas veces convierte la tristeza en obediencia. Pero también entiendo por qué la gente necesita creer en algo. Hay personas que solo tienen eso para levantarse por la mañana.

Mi mujer me preguntó si iría a verlo si pasara por nuestro barrio. Le dije que probablemente no.

—Claro —me respondió—. Tú solo sales a la calle por ajedrez, libros o revoluciones imposibles.

Y tenía razón.
Existen personas escepticas y otras creyentes.
Lo que Dios dió en obediencia, el hombre no podrá deshacerlo.

Saludos
 
Encuentro exagerado todo este barullo del Papa por aquí y por alla. pienso que son más los interese económicos que se obtienen con esta visita. Pero será por ser ateísta seguramente. Me removiste el pensamiento con tu redacción.

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Maramin, a mí también me parece exagerado el asunto... Me alegra que mi redacción te removiera el pensamiento.
 
Las religiones siempre han traído de la mano una importante carga de fanatismo detrás, al menos estos últimos Papas plantan algo de cara a los nuevos "emperadores" del mundo. Por otro lado Madrid siempre es hermoso, con Papa o sin Papa :). Saludos, poeta.
 
Hoy vi al Papa por la televisión pequeña de la cocina. La imagen se cortaba a veces porque la antena lleva meses mal, pero daba igual, se entendía el ambiente. Madrid estaba llena de gente, de banderas, de policías y de ese ruido raro que tienen las ciudades cuando pasa algo importante.

Mi mujer estaba haciendo té mientras yo miraba la pantalla medio distraído. El presentador hablaba con una solemnidad exagerada, como si estuvieran retransmitiendo la llegada de un emperador romano. Entonces ella miró la televisión y se rio un poco.

—Ese nombre del Papa me recuerda a uno de esos políticos del siglo pasado que tanto te gustan.

Le dije que no empezara. Ella siguió riéndose sola mientras dejaba la taza encima de la mesa.

A veces pienso que mi mujer es la única persona capaz de burlarse de mis discursos soviéticos sin que me moleste.

En la televisión la gente lloraba al verlo pasar. Ancianas haciendo la señal de la cruz, chavales grabándolo todo con el móvil, periodistas hablando atropelladamente. Y yo no sé… no sentí odio ni nada parecido. Solo esa sensación extraña de estar viendo una costumbre muy vieja sobrevivir en medio de una ciudad moderna.

Porque luego cortaban la cámara y aparecía Madrid como siempre: un repartidor sudando en bicicleta, turistas perdidos en Gran Vía, camareros recogiendo mesas, alguien discutiendo por dinero. La vida normal.

Nunca entendí del todo la religión. Creo que demasiadas veces convierte la tristeza en obediencia. Pero también entiendo por qué la gente necesita creer en algo. Hay personas que solo tienen eso para levantarse por la mañana.

Mi mujer me preguntó si iría a verlo si pasara por nuestro barrio. Le dije que probablemente no.

—Claro —me respondió—. Tú solo sales a la calle por ajedrez, libros o revoluciones imposibles.

Y tenía razón.
A mí los papas tampoco me hacen poner las noticias y sin embargo
con el papa Francisco me hubiese tomado un café o dos.
Buenas letras, compañero,saludos.
 

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