Alarido
Poeta asiduo al portal
En ocasiones me avalancho
a mi isla de naufragar.
Es un lugar recóndito
al que solo puedo regresar
con la oscuridad de la tormenta,
cuando me dejo arrastrar
por los avatares de la vida,
que son como las olas del mar…
que siempre están,
que siempre vuelven.
No pretendas averiguar
si intentan doblegarte
o te quieren enderezar.
Hay quien las surfea,
haciéndole trampas al mar,
que si algo tiene es paciencia
y todo el tiempo que puedas imaginar.
Así que tu tranquilo cabronazo!!,
que ya te engullirá.
En mi isla se respira
una atmósfera especial.
Aire caliente y cargado
con matices de húmeda tierra,
madera, óxido y notas de sal.
Si mi sangre fuera vino
sería de esta variedad.
Orgulloso. Alejado de lo divino.
Peleón y terrenal.
Aquí me consumo a mí mismo,
nada ni nadie me puede parar.
Permanecer en varadero desconocido
contemplando mi vida pasar.
Cuando solo queda
el vacío, y el desnudo vidrio,
ha llegado el momento de reciclar.
Entonces recupero la vista
y mi corazón el oído.
De repente te distingo a lo lejos
interpretando una canción, preciosa,
que suena a salvavidas
que sabe a redención.
Tú provocas que me enfrente,
de nuevo,
al escudo de coral que me forjé.
En mar abierto, por fin.
Abierto en canal.
a mi isla de naufragar.
Es un lugar recóndito
al que solo puedo regresar
con la oscuridad de la tormenta,
cuando me dejo arrastrar
por los avatares de la vida,
que son como las olas del mar…
que siempre están,
que siempre vuelven.
No pretendas averiguar
si intentan doblegarte
o te quieren enderezar.
Hay quien las surfea,
haciéndole trampas al mar,
que si algo tiene es paciencia
y todo el tiempo que puedas imaginar.
Así que tu tranquilo cabronazo!!,
que ya te engullirá.
En mi isla se respira
una atmósfera especial.
Aire caliente y cargado
con matices de húmeda tierra,
madera, óxido y notas de sal.
Si mi sangre fuera vino
sería de esta variedad.
Orgulloso. Alejado de lo divino.
Peleón y terrenal.
Aquí me consumo a mí mismo,
nada ni nadie me puede parar.
Permanecer en varadero desconocido
contemplando mi vida pasar.
Cuando solo queda
el vacío, y el desnudo vidrio,
ha llegado el momento de reciclar.
Entonces recupero la vista
y mi corazón el oído.
De repente te distingo a lo lejos
interpretando una canción, preciosa,
que suena a salvavidas
que sabe a redención.
Tú provocas que me enfrente,
de nuevo,
al escudo de coral que me forjé.
En mar abierto, por fin.
Abierto en canal.