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El cronómetro marcó el tiempo de cocción del feto.
—Señores, ¿qué tal el manjar? —dijo—. Poca sal y hervido en cacerola a fuego lento.
—¡Exquisito! —dijeron todos traqueteando los cuchillos.
La antropofagia, al fin, se había instaurado.
En ocasiones me avalancho
a mi isla de naufragar.
Es un lugar recóndito
al que solo puedo regresar
con la oscuridad de la tormenta,
cuando me dejo arrastrar
por los avatares de la vida,
que son como las olas del mar…
que siempre están,
que siempre vuelven.
No pretendas averiguar
si intentan...