La memoria de las piedras.

Alonso Vicent

Poeta veterano en el portal
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Una fuerte sensación de esperanza y espera.
Hay cambios inesperados en la vida que nos obligan a reevaluar nuestro rumbo.

Saludos
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
"Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan."
Qué lista son las piedras, compañero:) si las piedras hablaran...
Y qué más puedo decirte, amigo entero,
si hasta aquí me llega la brisa de tu montaña.
Ya volveré...Un abrazo grande
 
Una forma muy elevada y personal, de ver la realidad que no circunda ( mi estimado poeta). Cada poema suyo, siempre nos obsequia un mensaje; el cual tenemos que interpretar. Y, de eso se trata cuando hacemos poesía; compañero. Me gusta su quehacer literario y... lo felicito por ello. Cordialmente:
Muy agradecido, estimado Iván, desde esta realidad de un simple jornalero de otoños e inviernos; después me espera mi país (mi entorno elejido) para primavera y verano, y el calor de las piedras, y el cobijo de los bosques, y el fresco de los ríos y pozas. Para entonces ya no importarán los telediarios, un año más, ni lo que ocurra más allá de la montaña y de sus moradores.
Un gran abrazo, compañero, desde estos campos.
 
Una fuerte sensación de esperanza y espera.
Hay cambios inesperados en la vida que nos obligan a reevaluar nuestro rumbo.

Saludos
Siempre andamos esperando la primavera, con la ilusión de volver a donde las piedras te marcan los senderos y hacen que agudicemos los buenos sentidos.
Muchas gracias, Alde, desde estos vientos mediterráneos que también nos ponen en alerta... nos vamos haciendo mayores.
Un abrazo.
 
"Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan."
Qué lista son las piedras, compañero:) si las piedras hablaran...
Y qué más puedo decirte, amigo entero,
si hasta aquí me llega la brisa de tu montaña.
Ya volveré...Un abrazo grande
Hoy fuimos a ver cómo andaban los árboles y las piedras. Son 50 minutos y un almuerzo a medio camino. Todo perfecto. No se cayó ningún árbol ni se voló ningún tejado. Le echamos de comer a las cabras y a las garduñas y a todo ser viviente al que le guste el pan.
Allí sigue la piedra con tu nombre, junto al algarrobo, en la jardinera de al lado del porche.
Besos, amiga entera, de sábado noche con café.
 
¡Muy bello, querido Alonso!
Es una pena que el ser humano sea tan desatento consigo mismo y con los demás.
No tenemos tiempo para escuchar el susurro de la piedras ni el canto de los pájaros.
No damos la más mínima oportunidad a ese milagroso espacio llamado mundo. Y así nos va...
Menos mal que existen miradas lúcidas y suaves como la tuya, compañero.
¡Un abrazo!

Andreas
 
Algunos disfrutamos contemplando la vida natural, y otros jodiéndola y disparando a todo lo que se mueva .. ay si las piedras pudieran lanzarse por voluntad propia... porque los hay que tienen una pedrada... :) Pero bueno, seguro que si existe el karma, esos jabatos, cabras y pájaros que alimentas te lo mandarán de algún modo, jeje.
Un poema muy bello, Alonso. Un abrazo, compa.
 
Última edición:
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Maravilla de romance a las piedras,vtestigos eternos. Un placer leerte.
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
"Así es mi vida, piedra, como tú" decía León Felipe. Porque cuando sales del reino personal, queda el alma recogida en una de esas piedras que brillan a la luz de la luna. Piedras escondidas, enterradas en el barro, a la espera de que pasen los meses y de nuevo llegue el tiempo de volver. Volver donde los coches no llegan, donde los paisajes golpean y duelen de tan grandes y tan hermosos, donde los insectos no dejan acercarse a las gentes del papel cuché. Volver a los rincones que construyen los cimientos de la memoria. Paisaje que se interioriza y termina por hacernos a el, hacernos como él.
Un poema mágico, lleno de ese encanto de lo natural y lo sencillo.
Un abrazo, amigo.
 
¡Muy bello, querido Alonso!
Es una pena que el ser humano sea tan desatento consigo mismo y con los demás.
No tenemos tiempo para escuchar el susurro de la piedras ni el canto de los pájaros.
No damos la más mínima oportunidad a ese milagroso espacio llamado mundo. Y así nos va...
Menos mal que existen miradas lúcidas y suaves como la tuya, compañero.
¡Un abrazo!

Andreas
Ya estamos casi allí, entre montañas y barrancos y conviviendo con sus moradores autóctonos. Lo del ser humano por estos parajes (y otros) no tiene remedio. Seguiremos haciendo de mediadores entre lo racional y lo irracional... lo racional es el entorno.
Un abrazo, Andreas, en puertas de otra mudanza.
 
Algunos disfrutamos contemplando la vida natural, y otros jodiéndola y disparando a todo lo que se mueva .. ay si las piedras pudieran lanzarse por voluntad propia... porque los hay que tienen una pedrada... :) Pero bueno, seguro que si existe el karma, esos jabatos, cabras y pájaros que alimentas te lo mandarán de algún modo, jeje.
Un poema muy bello, Alonso. Un abrazo, compa.
Una de nuestras misiones es destrozar los escondites y comederos trampa de los cazadores fugitivos; nos llevamos hasta la piedra de sal que volvemos a ubicar en otro barranco más inaccesible para los tiradores.
Lo del karma no sé yo, pero te aseguro que es una gozada caminar entre cabras confiadas que se acuestan a la puerta de casa hasta la hora de la cena. Últimamente también piden su almuerzo, je,je. Los demás habitantes (jabalíes, garduñas, águilas, cuervos...) los dejaremos para otras líneas.
Un abrazote, Luis, en plena feria del libro por los Madriles... algunas veces estuve por allí.
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Este es un poema magnífico que, bajo una apariencia sencilla de romance tradicional, esconde una crítica mordaz a la modernidad y un profundo canto a la desconexión.
Es una obra nostálgica y muy actual. Logra que un elemento tan frío como la piedra se sienta cálido, protector y, sobre todo, como el único testigo real de nuestra esencia cuando nos despojamos de la tecnología y el ruido social.
Saludos
 
"Así es mi vida, piedra, como tú" decía León Felipe. Porque cuando sales del reino personal, queda el alma recogida en una de esas piedras que brillan a la luz de la luna. Piedras escondidas, enterradas en el barro, a la espera de que pasen los meses y de nuevo llegue el tiempo de volver. Volver donde los coches no llegan, donde los paisajes golpean y duelen de tan grandes y tan hermosos, donde los insectos no dejan acercarse a las gentes del papel cuché. Volver a los rincones que construyen los cimientos de la memoria. Paisaje que se interioriza y termina por hacernos a el, hacernos como él.
Un poema mágico, lleno de ese encanto de lo natural y lo sencillo.
Un abrazo, amigo.
"Piedra pequeña como tú ..." Me encanta León Felipe.
Todo un poema tu comentario que sabe de naturalezas y de conexiones con los orígenes. La sencillez de la existencia sin alardes.
Un gran abrazo, Luis, en vistas de las mejores vistas
 
Este es un poema magnífico que, bajo una apariencia sencilla de romance tradicional, esconde una crítica mordaz a la modernidad y un profundo canto a la desconexión.
Es una obra nostálgica y muy actual. Logra que un elemento tan frío como la piedra se sienta cálido, protector y, sobre todo, como el único testigo real de nuestra esencia cuando nos despojamos de la tecnología y el ruido social.
Saludos
En el reino de las piedras mandan las piedras... y yo tan contento de poder refugiarme entre ellas.
Recuerdo que cuando llegamos no había cobertura para móviles; con los años llegó la cobertura, después los "influencers" esos que mandan unas coordenadas para llegar donde muchas veces es imposible que lleguen la mayoría. Pero no importa; con conexión o no el móvil anda perdido por cualquier rincón del refugio... se revisa al atardecer.
Muchas gracias y un abrazo, Salva, por comprender y recalar en estos parajes.
 
Cómo sabes llevar el romance de la mano para que se sienta fluido y amable. Tú y tu encomiable pasión por la naturaleza, muy bien reflejada.
Al principio pensé que te ibas a arrancar por aquello de : "...era rodar y rodar, rodar, rodar y rodaaaaar" (música de ranchera);)
Abrazos.
 
Cómo sabes llevar el romance de la mano para que se sienta fluido y amable. Tú y tu encomiable pasión por la naturaleza, muy bien reflejada.
Al principio pensé que te ibas a arrancar por aquello de : "...era rodar y rodar, rodar, rodar y rodaaaaar" (música de ranchera);)
Abrazos.
Je, je. Me encantan las rancheras, sobre todo las de José Alfredo Jiménez; de hecho fue esa canción (El rey) la que andaba sonando en mi memoria o en el mismo instante de arrancar este poema.
"Yo sé bien que estoy afuera...
...pero sigo siendo el rey"
Dicen algunos que fue una de sus últimas canciones y la compuso cuando su galeno le dijo que tanto tequila le había destrozado el hígado, que le quedaba muy poco de vida.
Pero en fin, yo me voy para las piedras dentro de poco, no para quedarme (ya me gustaría)... si es que es un romance lo nuestro, je, je.
Un gran abrazo, Señita Eratalia, y con rancheras por si acaso.
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Buen poema, Alonso. Me recordó a Machado y su relación entre el paisaje y su sique o el camino como reflexión vital y filosófica.
Un saludete,
Samuel
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Y no es poco.
Qué buen poema. Disfrutado.
 
Última edición:
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.

Las piedras hablan más de lo que imaginamos, están donde están tejiendo historias, son amigas de la tierra y de los árboles, nos guían en el silencio de los caminos como bien lo dices.
Muy bueno mi apreciado poeta Vincent sigue con sus reflejos trayéndolas a tus letras que encantan.
Va un abrazo bien grande
 
Las piedras hablan más de lo que imaginamos, están donde están tejiendo historias, son amigas de la tierra y de los árboles, nos guían en el silencio de los caminos como bien lo dices.
Muy bueno mi apreciado poeta Vincent sigue con sus reflejos trayéndolas a tus letras que encantan.
Va un abrazo bien grande
Sí, tienes razón. Sus silencios se escuchan y se interpretan como cimiento del orden natural por estas tierras. Entre ellas se abre paso la vida y nos cuentan su historia y la nuestra.
Volvemos a su orografia para formar parte del relieve.
Un gran abrazo, Dulce, aún desde los campos.
 
"Una piedra en el camino"
me obligó a doblar el paso;
no porque mande u ordene
sino por puro recato.
Sabe que no soy el rey
de los senderos y atajos
que conducen a su reino;
me doy por aconsejado.
De apoyo sirven los árboles
para llegar al barranco
que esconde sus pozas claras
de "youtubers" avispados,
de instantáneas domingueras
y ociosos acompañados.
En el reino de las piedras
lo arbóreo se ha acomodado
y el agua corre o se estanca
dando vida a este conato
de libertad pasajera
de quien vive a buen recaudo.
Todo fluye en su reserva
para cualquier condenado.

El sol allí se levanta
cuando lo ordena la niebla
y se pone cuando quiere
alumbrar otras laderas.
Por la noche anima al sueño,
al alba se despereza.
Las piedras no le hacen caso,
simplemente se calientan.
La luna, cuando es menguante,
invita a ver las estrellas
y al mirarla vuelvo a ver
el reflejo de las piedras.
Quizás ese es mi destino,
ese que siempre me espera.

Pero se acabó el verano,
tuve que dejar las tierras
donde alimenté jabatos,
a unas cabras lisonjeras,
a las águilas y cuervos
y a pajaritos que piensan
que me están robando el pan,
el pan que a todos sustenta
y que les serví a diario
entre árboles y piedras.

Pensando en aquellos días
aquí mismo me persono
para contar lo que fue
a unos muchos o a unos pocos.
Hoy me robarán a mí
(soy consciente) otro otoño,
otro invierno y lo que quede
hasta que vuelva a mi entorno.
Ya me lo dijiste, Piedra,
-Quédate, piedra con hombro,
o recuerda que te espero
por mi pago; eso es todo.
Versos de nostalgia Vicent, nostalgia que aumenta con cada estación porque solo una de ellas permite esa simbiosis con la madre naturaleza y todos los seres vivos que la hacen posible. Las piedras son otro mundo porque vienen del desgaste, de la lluvia y la erosión de manera que cuando las encontramos nos recuerdan otro tiempo y dimensión pero sobre todo nuestra propia fragilidad .
Feliz de leerte
Abrazos chavalote
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba