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En estas horas tristes...

lesmo

Poeta veterano en el portal

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no pienso yo subir.
 
Última edición:
Parece que la mayoría de las personas hubieron sacado del vocabulario y la sangre, la palabra rebeldía, en cuanto a que Caronte nos lleve de paseo, todos sabemos que lo hará, pero no son antes mostrar porque nos definen como humanos y no como sombies. Magnífico, real y muy profundo poema, saludos Daniel
 
Parece que la mayoría de las personas hubieron sacado del vocabulario y la sangre, la palabra rebeldía, en cuanto a que Caronte nos lleve de paseo, todos sabemos que lo hará, pero no son antes mostrar porque nos definen como humanos y no como sombies. Magnífico, real y muy profundo poema, saludos Daniel
Las revoluciones cada uno las vive como sabe y como puede, aunque seguramente la rebeldía mayor sea la del inconformismo con la propia esencia, esa que no se termina hasta que el barquero quiera cruzarnos el río. Tengo la esperanza de usar otro medio de transporte.
Mil y mil gracias, estimado Daniel, por esta lectura y el comentario amables.
Un saludo con todo afecto.
Salvador.
 
Bellísimo... exquisito y la música perfecta para acompañar estos versos.

Veo en ti la rebeldía, el no conformismo. Veo los recuerdos de días de antaño. Noto tu rabia. Pero también está ahí el no rendirte, es bien seguro que un día vendrá Caronte, pero hoy no... hoy me niego a subir a su barca.

Felicitaciones, poeta.
 
Bellísimo... exquisito y la música perfecta para acompañar estos versos.

Veo en ti la rebeldía, el no conformismo. Veo los recuerdos de días de antaño. Noto tu rabia. Pero también está ahí el no rendirte, es bien seguro que un día vendrá Caronte, pero hoy no... hoy me niego a subir a su barca.

Felicitaciones, poeta.
Muchas gracias, estimada compañera, por este amable comentario a mis letras. Me encantará pasar por tus poemas. Lo haré.
Saludos cordiales.
Salvador.
 

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no me pienso subir.

El rato que te queda será largo y Caronte es solo un mito.
Vivirás el tiempo que de arriba te dieron y cumplida tu misión, ni sentirás cuando te vayas.
En estas horas tristes, de incertidumbre mundial, apaga el televisor y no mires noticias que intoxican el alma.
Fue agradable leerte Salvador. Un abrazo muy grande y cuídate.
 
Te deseo que vivas muchísimos años para que sigas escribiendo poesía pues lo haces de maravilla. Este poema es bellísimo y parece salido de lo más profundo del alma. Cuídate mucho. Saludos cordiales.
 

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no me pienso subir.
Es un honor haberte leído, Salvador. Unos versos nostálgicos y magníficos.
Abrazo enorme, amigo.
 

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no me pienso subir.
Oléeeeeeee, Salva, oléeeee. Perfectos serventesios alejandrinos con sus perfectos hemistiquios 7 + 7.
Excelente presentación, y bien hilado el nudo central y el genial cierre. Mis aplausos.
Profundo en su contenido, enlazando los recuerdos y la nostalgia al presente de tus actuales días.
En fin, que lo tiene todo, bello y emotivo en su contenido, y estético y rico en su continente.
Un enorme abrazo, mi entrañable amigo.
 
El rato que te queda será largo y Caronte es solo un mito.
Vivirás el tiempo que de arriba te dieron y cumplida tu misión, ni sentirás cuando te vayas.
En estas horas tristes, de incertidumbre mundial, apaga el televisor y no mires noticias que intoxican el alma.
Fue agradable leerte Salvador. Un abrazo muy grande y cuídate.
Muchísima gracias Catia, por haber recabado en esta propuesta mía. Celebro que haya sido de tu agrado.
Un fuerte y fraternal abrazo.
Salvador.
 
Te deseo que vivas muchísimos años para que sigas escribiendo poesía pues lo haces de maravilla. Este poema es bellísimo y parece salido de lo más profundo del alma. Cuídate mucho. Saludos cordiales.
Muchísimas gracias Lourdes, por acercarte con tu mirada amable a estos versos mío y por dejar tu huella.
Con todo mi afecto, un saludo cordial.
Salvador.
 
Oléeeeeeee, Salva, oléeeee. Perfectos serventesios alejandrinos con sus perfectos hemistiquios 7 + 7.
Excelente presentación, y bien hilado el nudo central y el genial cierre. Mis aplausos.
Profundo en su contenido, enlazando los recuerdos y la nostalgia al presente de tus actuales días.
En fin, que lo tiene todo, bello y emotivo en su contenido, y estético y rico en su continente.
Un enorme abrazo, mi entrañable amigo.
Mil y mil gracias, querido José, por tu atenta lectura y el amigable comentario a mis letras. Celebro hayan sido de tu agrado.
Con un abrazo bien fuerte.
Salvador.
 

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no me pienso subir.
Magníficos versos, claros y brillantes. Excelente trabajo, Salvador.

Un abrazo, poeta.

Paco
 
Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.
Sobresaliente encuentro tu poema Salvador, pero esta estrofa, con todos mis respetos al resto, solo puede escribirla un andaluz.
Poemas como este son los que, posiblemente validen aún más, la sencillez por encima de lo demás, y en esto eres un maestro.

Como observación pejiguera, y sin desmerecer nada: me hubiera gustado una acentuación para el último verso 2-6-9-11-13' (cuestión de gustos) Sé que te lo tomarás a bien, por eso te lo
indico.
Un abrazo.
 
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En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no me pienso subir.
Bravoooo!! Un poema preciosoooo!!Mi piel se ha erisado con este magnífico trabajo poético, poeta Salvador.
No queremos subir a esa barca de Caronte todavía, a resistir. Un aplauso de pie!! Saludos, poeta, un abrazo cordial.
Azalea.
 
Sobresaliente encuentro tu poema Salvador, pero esta estrofa, con todos mis respetos al resto, solo puede escribirla un andaluz.
Poemas como este son los que, posiblemente validen aún más, la sencillez por encima de lo demás, y en esto eres un maestro.

Como observación pejiguera, y sin desmerecer nada: me hubiera gustado una acentuación para el último verso 2-6-9-11-13' (cuestión de gustos) Sé que te lo tomarás a bien, por eso te lo
indico.
Un abrazo.
¡Cómo se me quedó este comentario atrás sin contestar, amigo mío! Gran despiste. Muchas gracias por la lectura y por tus observaciones atentas. Voy a ver ese verso que me señalas.
Un muy fuerte abrazo, querido Manuel.
Salvador.
 
Bravoooo!! Un poema preciosoooo!!Mi piel se ha erisado con este magnífico trabajo poético, poeta Salvador.
No queremos subir a esa barca de Caronte todavía, a resistir. Un aplauso de pie!! Saludos, poeta, un abrazo cordial.
Azalea.
Mil y mil gracias, estimada Azalea, por la lectura y el efusivo comentario. Celebro que estas letras hayan sido de tu agrado.
Con un fraternal abrazo.
Salvador.
 
Sobresaliente encuentro tu poema Salvador, pero esta estrofa, con todos mis respetos al resto, solo puede escribirla un andaluz.
Poemas como este son los que, posiblemente validen aún más, la sencillez por encima de lo demás, y en esto eres un maestro.

Como observación pejiguera, y sin desmerecer nada: me hubiera gustado una acentuación para el último verso 2-6-9-11-13' (cuestión de gustos) Sé que te lo tomarás a bien, por eso te lo
indico.
Un abrazo.
Ya tienes allí, querido Manuel, el 3-6-9-11-13.
Otro abrazo.
Salva.
 

En estas horas tristes...


En estas horas tristes la voz, que no me alcanza,
tiene un eco lejano que no llega hasta mí,
en cambio persistiendo me queda la esperanza
de que venga la noche y de encontrarla allí.

Los sueños, los instantes parece que se hielan,
pero revolotean los mirlos sin cesar,
y el libro de las cosas, esas que nunca vuelan,
me muestra las palabras que sirven para amar.

Y del recuerdo claro del pueblo y de la infancia
me llegan, de repente, olores de sartén,
risas enamoradas con la perseverancia
del beso en la mejilla y el peine por la sien.

Me queda la nostalgia en un cajón perdida
del tiempo aquel alegre, de la ciudad la voz,
sin vocación de abstemio no pruebo la bebida,
obrero de mi oficio amartillé sin hoz.

Mis calles son las mismas, las mismas mis campanas,
las mismas mis ancianas del velo y de la cruz,
iguales son mis plazas, iguales mis manzanas,
y el aire de los cantes de mi campo andaluz.

Ahora que me falta la fe de aquellos días
persigo el mismo sueño mirando en el balcón,
habré cambiado poco si aquellos policías
siguen sin perseguirme por la misma razón.

Ignoro, como todos, el rato que me queda,
no pediré permiso si tengo que salir,
tampoco necesito me den una moneda
que al barco de Caronte no pienso yo subir.

Luego de alguna convalecencia se viene una lluvia torrencial de nostalgias. Eso sí, te veo mucho futuro. Un abrazo, Salvador.
 
Luego de alguna convalecencia se viene una lluvia torrencial de nostalgias. Eso sí, te veo mucho futuro. Un abrazo, Salvador.
Ah amigo, tú sí que sabes. Me alegra que así lo consideres, tomo nota para los momentos de la horas tristes. Mil gracias por todas tus consideraciones.
Un fuerte abrazo, con mis afectos.
Salvador.
 
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