Adalberto Martin USA
Poeta recién llegado
Cárcel de luz
Inspirado en el
Soneto 1 de Shakespeare
Busca el mundo la belleza
para que su rosa viva,
y si el destino la priva,
deje una hermosa certeza.
Pero en tu propia torpeza
das a tu fuego un tormento;
va creciendo el descontento
donde había demasía:
¡tú con perversa alegría
eres tu propio elemento!
Ciega de tu propia gloria,
das a tus ojos el daño
de un secreto y dulce engaño,
que borrará tu memoria.
Es una trágica historia:
fuego de tu propia vida,
dejando la tierra herida
con un mal de gran distancia,
mientras creces con jactancia;
fuerza que queda perdida.
Hoy eres de la pradera
hermosura florecida,
única rosa escogida
de la verde primavera.
Mas tu fuerza verdadera
se marchita lentamente,
rea de tu propia mente,
desperdiciando el contento;
gastas tu vida al momento
en el rigor del presente.
Guardas con dulce avaricia
el tesoro que hay en ti,
regando un invierno así
con tu propia y cruel malicia.
Esa beldad es caricia
que el mundo pide constante,
pero tu amor ignorante
le niega el derecho a ser,
viendo tu gracia caer
sin dar tu fruto adelante.
Ten del mundo compasión,
o con tu tumba serás
la golosa que detrás
deje la desolación.
Al negar la sucesión,
lo que debes al vivir
te lo vas a consumir,
junto con la fosa oscura;
fenecerá tu hermosura
perdiéndote en el morir.
Adalberto Martín
Inspirado en el
Soneto 1 de Shakespeare
Busca el mundo la belleza
para que su rosa viva,
y si el destino la priva,
deje una hermosa certeza.
Pero en tu propia torpeza
das a tu fuego un tormento;
va creciendo el descontento
donde había demasía:
¡tú con perversa alegría
eres tu propio elemento!
Ciega de tu propia gloria,
das a tus ojos el daño
de un secreto y dulce engaño,
que borrará tu memoria.
Es una trágica historia:
fuego de tu propia vida,
dejando la tierra herida
con un mal de gran distancia,
mientras creces con jactancia;
fuerza que queda perdida.
Hoy eres de la pradera
hermosura florecida,
única rosa escogida
de la verde primavera.
Mas tu fuerza verdadera
se marchita lentamente,
rea de tu propia mente,
desperdiciando el contento;
gastas tu vida al momento
en el rigor del presente.
Guardas con dulce avaricia
el tesoro que hay en ti,
regando un invierno así
con tu propia y cruel malicia.
Esa beldad es caricia
que el mundo pide constante,
pero tu amor ignorante
le niega el derecho a ser,
viendo tu gracia caer
sin dar tu fruto adelante.
Ten del mundo compasión,
o con tu tumba serás
la golosa que detrás
deje la desolación.
Al negar la sucesión,
lo que debes al vivir
te lo vas a consumir,
junto con la fosa oscura;
fenecerá tu hermosura
perdiéndote en el morir.
Adalberto Martín
