Un cuerpo como el tuyo
tiene la calma de la tierra después de la lluvia,
la curva secreta donde el viento
aprende a quedarse.
Hay una música antigua en tu piel,
una luz que no pide permiso
para encender mis ojos
cada vez que te acercas.
No te miro con prisa;
los paisajes verdaderos
se descubren despacio,
como el mar cuando abraza la orilla.
Si alguna vez el destino me concediera un refugio,
sería la tibieza de tu abrazo,
el instante en que el mundo calla
y sólo existe el latido de tu nombre.
Porque un cuerpo como el tuyo
no despierta únicamente el deseo;
despierta la ternura,
la contemplación,
y ese silencioso milagro
de querer permanecer para siempre.
tiene la calma de la tierra después de la lluvia,
la curva secreta donde el viento
aprende a quedarse.
Hay una música antigua en tu piel,
una luz que no pide permiso
para encender mis ojos
cada vez que te acercas.
No te miro con prisa;
los paisajes verdaderos
se descubren despacio,
como el mar cuando abraza la orilla.
Si alguna vez el destino me concediera un refugio,
sería la tibieza de tu abrazo,
el instante en que el mundo calla
y sólo existe el latido de tu nombre.
Porque un cuerpo como el tuyo
no despierta únicamente el deseo;
despierta la ternura,
la contemplación,
y ese silencioso milagro
de querer permanecer para siempre.