IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Solo se percibe
el silencio hecho vacío,
el grito desesperado del ayer
ahora presente desfigurado,
ciego fue aquel que admiró
y no sucumbió al sendero del dolor,
porque el dolor
ahora no es más que hueco,
tan inmenso como nadie,
tan sentido como todo lo que fue,
ahora una palabra borrada,
en las hojas invisibles,
se escribe en bucle,
los llantos de la imperceptible,
dama de piel transparente
y de alma de espejo,
tiembla la imaginación de todo dios,
única arma que colapsa a la materia,
pero sus balas son imaginarias,
y la dama no existe,
la dama se cubre con el vacío,
como si fuera ataúd,
como si fuera vientre y corazón,
aún late la adicción
de congelar cada instante imperceptible,
en la percepción insulsa del sosiego,
afonía que se escapa en cada encierro,
de lo que se nutre siempre por su falta,
como cauce de mudez,
de lobreguez indecente
carcomiendo al segundero maldito,
entre ritos y eternidad,
fuimos tiempo,
somos muerte,
seremos más vacío
para encenegar con pasado
al futuro,
para extender a un presente
deshabitado,
a un silencio perdido.
el silencio hecho vacío,
el grito desesperado del ayer
ahora presente desfigurado,
ciego fue aquel que admiró
y no sucumbió al sendero del dolor,
porque el dolor
ahora no es más que hueco,
tan inmenso como nadie,
tan sentido como todo lo que fue,
ahora una palabra borrada,
en las hojas invisibles,
se escribe en bucle,
los llantos de la imperceptible,
dama de piel transparente
y de alma de espejo,
tiembla la imaginación de todo dios,
única arma que colapsa a la materia,
pero sus balas son imaginarias,
y la dama no existe,
la dama se cubre con el vacío,
como si fuera ataúd,
como si fuera vientre y corazón,
aún late la adicción
de congelar cada instante imperceptible,
en la percepción insulsa del sosiego,
afonía que se escapa en cada encierro,
de lo que se nutre siempre por su falta,
como cauce de mudez,
de lobreguez indecente
carcomiendo al segundero maldito,
entre ritos y eternidad,
fuimos tiempo,
somos muerte,
seremos más vacío
para encenegar con pasado
al futuro,
para extender a un presente
deshabitado,
a un silencio perdido.