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Sombra lumínica,
de destellos diurnos,
de armonía angelical,
titila la desidia,
entre cielos temidos,
soñadores fueron,
aquellos seres sensibles,
nunca dichosos,
siempre ardiendo entre pesadillas,
de la espera quedo la huida,
de los minutos que aún se escapan,
seriamos tiempo si fuéramos...
Cientos de páginas,
su recuerdo corta toda decencia,
la vuelve mano sangrante,
lacerante memoria,
cientos de himnos surgen
cuando no se percibe la humanidad,
aún somos esclavos del odio mutuo,
del pulcro miedo,
aún somos motas que caen como lluvia,
entre horizontes que observan,
entre avaricia...
Solo se percibe
el silencio hecho vacío,
el grito desesperado del ayer
ahora presente desfigurado,
ciego fue aquel que admiró
y no sucumbió al sendero del dolor,
porque el dolor
ahora no es más que hueco,
tan inmenso como nadie,
tan sentido como todo lo que fue,
ahora una palabra...
Se siente dentro,
entre puentes y latitudes,
entre latidos de aire,
la codicia del vivir,
entre días y arboleda,
dueños sin bandera,
con sueños,
sin fronteras las estrellas caen,
y el horizonte
a cada una las contiene,
pareciera
que lo eterno también cede,
cada sueño único,
oro entre...
Bajo la cornisa de un cielo dormido,
esperando como la lluvia,
suelo de un mundo perdido,
brota la ira donde sus gritos se escuchan,
plegarias por almas,
por tumbas en demasía,
encontrando el dolor en las noches,
cánticos de estrellas en desconsuelo,
buscando la sonrisa de un amanecer eterno...