El poema comienza en una primera persona íntima ("mi sangre", "mis aullidos", "mis dedos") y cierra con un distanciamiento drástico en el último verso: "Y en su rostro se lee dolor". Este cambio de perspectiva (hacia un "su" indeterminado) universaliza el sufrimiento o bien despersonaliza al propio autor, quien pasa a observarse a sí mismo desde fuera como un espectador de su propia ruina.
Es una pieza concisa, pero de gran carga dramática.
Saludos