Quisiste verle en la claridad del día,
en los atardeceres, con la brisa fresca,
con una luz tenue en la noche cerrada,
en el consuelo de sentirte arropada
en el frío polar de las horas heladas.
Quisiste verle, pero dejó la estela,
huyó del amor que le envolvía,
que le mortificaba por la bravura
de los encuentros.
Quisiste verle pero prefirió soñar
con las alturas y no aterrizar
en el abrazo incontenible,
en el beso más ardiente,
en el miedo de entregarse
y perderse en el deseo.
Quisiste verle pero se encuentra
dormitando en sus recuerdos,
en ese mundo que le secuestra
para no elevarse con tus caricias,
para desearte una vez perdida,
una vez deseada,
una vez dormido en el más allá,
donde el sueño siempre es sueño
y la vida se va en los recuerdos.
en los atardeceres, con la brisa fresca,
con una luz tenue en la noche cerrada,
en el consuelo de sentirte arropada
en el frío polar de las horas heladas.
Quisiste verle, pero dejó la estela,
huyó del amor que le envolvía,
que le mortificaba por la bravura
de los encuentros.
Quisiste verle pero prefirió soñar
con las alturas y no aterrizar
en el abrazo incontenible,
en el beso más ardiente,
en el miedo de entregarse
y perderse en el deseo.
Quisiste verle pero se encuentra
dormitando en sus recuerdos,
en ese mundo que le secuestra
para no elevarse con tus caricias,
para desearte una vez perdida,
una vez deseada,
una vez dormido en el más allá,
donde el sueño siempre es sueño
y la vida se va en los recuerdos.