OscarCortazar
Poeta recién llegado
I
Anduvo el panteonero con aspaviento
al centro del panteón.
Apesadumbrado, taciturno
tal que su estampa provocaba sorpresa.
Se condujo por el ínfimo andador
rumbo a las criptas subterráneas
y ojeó árboles viejos y hojarasca
dejando el vapor de sus pisadas
caminando sin ser campante, sin derruirse
llegando a la fosa común
del olvido y no se sabe cuantos difuntos.
II
Allí en el panteón municipal has dejado tus días
y como era tu instrumento de trabajo el azadón
permaneciste cansado, oloroso por tu cigarrillo
y ante cualquier ruido quedabas inerme
poniendo en alerta tus sentidos
al borde del paroxismo.
III
Dispones de un exiguo atuendo
y de un bolsillo gastado, donde cargas unos pesos
cantidad irrisoria.
Así vives la jornada con una suerte de incertidumbre
entre el asomo de las filas de tumbas enladrilladas.
IV
Recuerda las leyendas de ciertas lápidas.
Alarga una cantidad al vendedor del cercano estanquillo
al tiempo que le informa de los pormenores.
Pero ahora el panteonero se limita a escuchar
y enseguida va a la faena
moviéndose a tranco cansino, está sudando
advirtiendo el tumulto de aquellos dolientes
en una tumba de las recientes.
V
Es tu comienzo
madrugas con desconcierto
panteonero fiel
del oficio sin horario fijo
y fuerza derrochada
vigilando cada semana sin descansar la vista
acurrucando el cuerpo en cualquier sombra de matorral
pensando en incertidumbres y sorpresas.
VI
Insectos de lenguas diminutas
quisieron arroparlo por todos lados
demandándole atención
dejándolo con ronchas, y el permaneció indiferente.
VII
La canícula te broncea y el panteón relumbra
tus manos semejan colgajos.
VIII
Se regocija en la vigilia del día de muertos
y a cada rato los dolientes van en tropel
como él no trae nada sólo aspira humo de copal.
Allá va limpiando yerbajos
buscando agua
retando a arboles viejos y duros
doblegando floreros muertos
y exhalando ¡basta por hoy!
Así va el panteonero que casi ha perdido el rumbo:
haciendo de refugio
cualquier resquicio.
Hoy está rendido
el sereno vespertino lo fastidia.
A los peatones con sus altares exaltados
y la puesta del cempasúchil
ya no hay quien los desanime
una suerte de consuelo para todos.
El panteonero
camina entre guirnaldas de flores
impelido de rezos y canciones.
IX
Está en un momento de vacío
los músculos ásperos
cada cierto tiempo vislumbra un montón de rastrojo.
Los cavadores de fosas arrasan zonas pedregosas
han quedado modificadas.
El panteón entra en estado lánguido
un sentimiento escondido
los portones de la entrada algo destartalados.
Hay un rastro
donde ve huellas de pisadas.
X
El panteonero se aproxima al contenedor
en unas horas viene el crepúsculo
oye pasar sirenas por la avenida
aguza sus sentidos corporales
sin mucho qué hacer
su sed a punto de colmar.
Su hora al fin de la faena lo arrastra
hasta la base de taxis
y de manera automática monta en un colectivo.
XI
A la distancia ves llegar pordioseros
piensas en esos pobres
mientras el teporocho va a pie, descalzo
sospechas que se halla perdido
con el alma en vilo
y el estómago con tremenda hambre.
XII
La boca de la noche puede ser un buen momento
faltándole el aire llega a su hogar
en lugar de empezar la algarabía familiar
el panteonero ahora empieza a pernoctar.
Anduvo el panteonero con aspaviento
al centro del panteón.
Apesadumbrado, taciturno
tal que su estampa provocaba sorpresa.
Se condujo por el ínfimo andador
rumbo a las criptas subterráneas
y ojeó árboles viejos y hojarasca
dejando el vapor de sus pisadas
caminando sin ser campante, sin derruirse
llegando a la fosa común
del olvido y no se sabe cuantos difuntos.
II
Allí en el panteón municipal has dejado tus días
y como era tu instrumento de trabajo el azadón
permaneciste cansado, oloroso por tu cigarrillo
y ante cualquier ruido quedabas inerme
poniendo en alerta tus sentidos
al borde del paroxismo.
III
Dispones de un exiguo atuendo
y de un bolsillo gastado, donde cargas unos pesos
cantidad irrisoria.
Así vives la jornada con una suerte de incertidumbre
entre el asomo de las filas de tumbas enladrilladas.
IV
Recuerda las leyendas de ciertas lápidas.
Alarga una cantidad al vendedor del cercano estanquillo
al tiempo que le informa de los pormenores.
Pero ahora el panteonero se limita a escuchar
y enseguida va a la faena
moviéndose a tranco cansino, está sudando
advirtiendo el tumulto de aquellos dolientes
en una tumba de las recientes.
V
Es tu comienzo
madrugas con desconcierto
panteonero fiel
del oficio sin horario fijo
y fuerza derrochada
vigilando cada semana sin descansar la vista
acurrucando el cuerpo en cualquier sombra de matorral
pensando en incertidumbres y sorpresas.
VI
Insectos de lenguas diminutas
quisieron arroparlo por todos lados
demandándole atención
dejándolo con ronchas, y el permaneció indiferente.
VII
La canícula te broncea y el panteón relumbra
tus manos semejan colgajos.
VIII
Se regocija en la vigilia del día de muertos
y a cada rato los dolientes van en tropel
como él no trae nada sólo aspira humo de copal.
Allá va limpiando yerbajos
buscando agua
retando a arboles viejos y duros
doblegando floreros muertos
y exhalando ¡basta por hoy!
Así va el panteonero que casi ha perdido el rumbo:
haciendo de refugio
cualquier resquicio.
Hoy está rendido
el sereno vespertino lo fastidia.
A los peatones con sus altares exaltados
y la puesta del cempasúchil
ya no hay quien los desanime
una suerte de consuelo para todos.
El panteonero
camina entre guirnaldas de flores
impelido de rezos y canciones.
IX
Está en un momento de vacío
los músculos ásperos
cada cierto tiempo vislumbra un montón de rastrojo.
Los cavadores de fosas arrasan zonas pedregosas
han quedado modificadas.
El panteón entra en estado lánguido
un sentimiento escondido
los portones de la entrada algo destartalados.
Hay un rastro
donde ve huellas de pisadas.
X
El panteonero se aproxima al contenedor
en unas horas viene el crepúsculo
oye pasar sirenas por la avenida
aguza sus sentidos corporales
sin mucho qué hacer
su sed a punto de colmar.
Su hora al fin de la faena lo arrastra
hasta la base de taxis
y de manera automática monta en un colectivo.
XI
A la distancia ves llegar pordioseros
piensas en esos pobres
mientras el teporocho va a pie, descalzo
sospechas que se halla perdido
con el alma en vilo
y el estómago con tremenda hambre.
XII
La boca de la noche puede ser un buen momento
faltándole el aire llega a su hogar
en lugar de empezar la algarabía familiar
el panteonero ahora empieza a pernoctar.
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