FanÁngel
Poeta recién llegado
En las cuatro campanadas
del desierto azul del día
surge la postrera mancha
que empantana mis sentidos.
Sus frutos de vid amarga
se revelan en mis sueños
como viles asechanzas
en los surcos de la arena.
Es mi mente una avalancha
que abre el trecho de mis manos
con esa cuchilla blanca
que cercena los antojos.
¡Quiero gritar esta calma!
¡Quiero secar este llanto,
en cenizas de mis brasas!
Son los ojos de la noche
dos nebulosas espadas:
hieren muerte cuando sueñan
y bendicen cuando matan.
¡Ay de mi esperanza añil!
¡Ay de mí en esta baranda!
Ya es de la noche el llorar
cuando se rompe en el alba.
del desierto azul del día
surge la postrera mancha
que empantana mis sentidos.
Sus frutos de vid amarga
se revelan en mis sueños
como viles asechanzas
en los surcos de la arena.
Es mi mente una avalancha
que abre el trecho de mis manos
con esa cuchilla blanca
que cercena los antojos.
¡Quiero gritar esta calma!
¡Quiero secar este llanto,
en cenizas de mis brasas!
Son los ojos de la noche
dos nebulosas espadas:
hieren muerte cuando sueñan
y bendicen cuando matan.
¡Ay de mi esperanza añil!
¡Ay de mí en esta baranda!
Ya es de la noche el llorar
cuando se rompe en el alba.