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Ojos de la noche

FanÁngel

Poeta recién llegado
En las cuatro campanadas
del desierto azul del día
surge la postrera mancha
que empantana mis sentidos.

Sus frutos de vid amarga
se revelan en mis sueños
como viles asechanzas
en los surcos de la arena.

Es mi mente una avalancha
que abre el trecho de mis manos
con esa cuchilla blanca
que cercena los antojos.

¡Quiero gritar esta calma!
¡Quiero secar este llanto,
en cenizas de mis brasas!

Son los ojos de la noche
dos nebulosas espadas:
hieren muerte cuando sueñan
y bendicen cuando matan.

¡Ay de mi esperanza añil!
¡Ay de mí en esta baranda!
Ya es de la noche el llorar
cuando se rompe en el alba.
 
En las cuatro campanadas
del desierto azul del día
surge la postrera mancha
que empantana mis sentidos.

Sus frutos de vid amarga
se revelan en mis sueños
como viles asechanzas
en los surcos de la arena.

Es mi mente una avalancha
que abre el trecho de mis manos
con esa cuchilla blanca
que cercena los antojos.

¡Quiero gritar esta calma!
¡Quiero secar este llanto,
en cenizas de mis brasas!

Son los ojos de la noche
dos nebulosas espadas:
hieren muerte cuando sueñan
y bendicen cuando matan.

¡Ay de mi esperanza añil!
¡Ay de mí en esta baranda!
Ya es de la noche el llorar
cuando se rompe en el alba.
Bello poema, FanÁngel.
Un saludete,
Samuel
 
Bello poema, FanÁngel.
Un saludete,
Samuel
Muchas gracias por tu lectura y por dejar tus amables palabras, Samuel. Un verdadero placer contar con tu visita.

Este romance lo compuse (al igual que el resto de las piezas de mi álbum Cante y Romance) sin concebirlo bajo las normas rígidas de la preceptiva decimonónica de Hermosilla, sino bajo la herencia directa del cancionero viejo y la lírica popular.
Al ser una obra creada explícitamente para ser cantada, la eufonía, el compás y el encaje sobre una progresión de acordes mandan sobre la rigidez de la plantilla de lectura tradicional. De ahí la inversión de la asonancia a los versos impares y esas rimas internas; están pensadas para el oído y la melodía viva.
¡Un saludete y un honor tenerte por aquí!


 
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En las cuatro campanadas
del desierto azul del día
surge la postrera mancha
que empantana mis sentidos.

Sus frutos de vid amarga
se revelan en mis sueños
como viles asechanzas
en los surcos de la arena.

Es mi mente una avalancha
que abre el trecho de mis manos
con esa cuchilla blanca
que cercena los antojos.

¡Quiero gritar esta calma!
¡Quiero secar este llanto,
en cenizas de mis brasas!

Son los ojos de la noche
dos nebulosas espadas:
hieren muerte cuando sueñan
y bendicen cuando matan.

¡Ay de mi esperanza añil!
¡Ay de mí en esta baranda!
Ya es de la noche el llorar
cuando se rompe en el alba.
Uno lucha siempre contra los deseos prohibidos y la desesperación.

Saludos
 

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