Nuestras pasiones se mueven por el bien y el mal

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Alde

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Miembro del JURADO DE LA MUSA
El placer y el dolor, y lo que los ocasiona, es decir, el bien y el mal, son los pilares sobre los que descansan nuestras pasiones. Y si reflexionamos y observamos cómo operan en nosotros estos, bajo distintas consideraciones, como son las modificaciones o disposiciones que producen en la mente, y qué
sensaciones internas (si puedo llamarlas así) producen en nosotros, podremos formarnos a partir de aquí ideas sobre nuestras pasiones.

Las cosas son, por tanto, buenas o malas, solamente en referencia al placer o al dolor. Eso que llamamos bueno es aquello que puede provocar o aumentar el placer, o bien disminuir el dolor en nosotros; o, también, lo que puede procurarnos o conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o evitarnos un mal. Y, por el contrario, llamamos mal a lo que puede provocar o incrementar un dolor, o disminuir cualquier placer en nosotros; o bien a lo que nos produce cualquier mal o nos priva de un bien.
Debe entenderse que por placer y dolor me refiero tanto al cuerpo como a la mente, según la distinción que comúnmente se establece, aunque en realidad no se trate sino de diferentes estados de la mente, provocados unas veces por desórdenes corporales, y otras por pensamientos de la mente.

El amor
De esta manera, quien quiera reflexionar sobre el pensamiento que tiene del deleite que cualquier cosa presente o ausente puede producirle, tendrá la idea que llamamos amor.

El odio
Por el contrario, el pensamiento de dolor que puede producirnos cualquier cosa presente o ausente, es lo que denominamos odio.

El deseo
El malestar que un hombre encuentra en sí mismo con motivo de la ausencia de cualquier cosa cuya presencia le hace gozar y le llevan la idea de deleite, es lo que llamamos deseo; este deseo puede ser mayor o menor, según el malestar sea más o menos vehemente. Por lo que, tal vez, no resulte muy útil el señalar que el principal, si no el único acicate de la industria y de la actividad de los hombres, es este malestar.

La alegría
La alegría es un deleite de la mente provocado por la consideración de la posesión de un bien actual o que se va a tener en un futuro; y poseemos cualquier bien cuando se halla en nuestro poder, de tal manera que podemos utilizarlo en el momento que deseamos.

La tristeza
La tristeza es un estado de malestar de la mente, provocado por el pensamiento de un bien perdido que se pudo haber disfrutado durante más tiempo, o bien por el sentimiento de un mal presente.

La esperanza
La esperanza es un placer de la mente que todo el mundo encuentra en sí mismo, a partir del pensamiento de un gozo futuro probable, de una cosa que puede provocar un deleite.

El temor
El temor es un estado de malestar de la mente por el pensamiento de un mal futuro que nos puede suceder.

La desesperación
La desesperación es el pensamiento de la imposibilidad de obtener un bien, que obra de diferente manera en las mentes de los hombres, pues unas veces produce malestar o dolor, y otras perezas e indolencia.

La cólera
La cólera es el malestar o descompostura de la mente, que cuando recibe una injuria abriga el propósito de vengarse.

La envidia
La envidia es un estado de malestar de la mente, provocado por la consideración de un bien que deseamos y que pensamos que otro ha obtenido, habiéndole podido hacer nosotros antes.

La vergüenza
La vergüenza, que es un malestar de la mente provocado por el pensamiento de haber hecho alguna cosa que es indecente, o que lesiona la estimación que otros tienen de nosotros, no siempre va acompañada del rubor.
 
El placer y el dolor, y lo que los ocasiona, es decir, el bien y el mal, son los pilares sobre los que descansan nuestras pasiones. Y si reflexionamos y observamos cómo operan en nosotros estos, bajo distintas consideraciones, como son las modificaciones o disposiciones que producen en la mente, y qué
sensaciones internas (si puedo llamarlas así) producen en nosotros, podremos formarnos a partir de aquí ideas sobre nuestras pasiones.

Las cosas son, por tanto, buenas o malas, solamente en referencia al placer o al dolor. Eso que llamamos bueno es aquello que puede provocar o aumentar el placer, o bien disminuir el dolor en nosotros; o, también, lo que puede procurarnos o conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o evitarnos un mal. Y, por el contrario, llamamos mal a lo que puede provocar o incrementar un dolor, o disminuir cualquier placer en nosotros; o bien a lo que nos produce cualquier mal o nos priva de un bien.
Debe entenderse que por placer y dolor me refiero tanto al cuerpo como a la mente, según la distinción que comúnmente se establece, aunque en realidad no se trate sino de diferentes estados de la mente, provocados unas veces por desórdenes corporales, y otras por pensamientos de la mente.

El amor
De esta manera, quien quiera reflexionar sobre el pensamiento que tiene del deleite que cualquier cosa presente o ausente puede producirle, tendrá la idea que llamamos amor.

El odio
Por el contrario, el pensamiento de dolor que puede producirnos cualquier cosa presente o ausente, es lo que denominamos odio.

El deseo
El malestar que un hombre encuentra en sí mismo con motivo de la ausencia de cualquier cosa cuya presencia le hace gozar y le llevan la idea de deleite, es lo que llamamos deseo; este deseo puede ser mayor o menor, según el malestar sea más o menos vehemente. Por lo que, tal vez, no resulte muy útil el señalar que el principal, si no el único acicate de la industria y de la actividad de los hombres, es este malestar.

La alegría
La alegría es un deleite de la mente provocado por la consideración de la posesión de un bien actual o que se va a tener en un futuro; y poseemos cualquier bien cuando se halla en nuestro poder, de tal manera que podemos utilizarlo en el momento que deseamos.

La tristeza
La tristeza es un estado de malestar de la mente, provocado por el pensamiento de un bien perdido que se pudo haber disfrutado durante más tiempo, o bien por el sentimiento de un mal presente.

La esperanza
La esperanza es un placer de la mente que todo el mundo encuentra en sí mismo, a partir del pensamiento de un gozo futuro probable, de una cosa que puede provocar un deleite.

El temor
El temor es un estado de malestar de la mente por el pensamiento de un mal futuro que nos puede suceder.

La desesperación
La desesperación es el pensamiento de la imposibilidad de obtener un bien, que obra de diferente manera en las mentes de los hombres, pues unas veces produce malestar o dolor, y otras perezas e indolencia.

La cólera
La cólera es el malestar o descompostura de la mente, que cuando recibe una injuria abriga el propósito de vengarse.

La envidia
La envidia es un estado de malestar de la mente, provocado por la consideración de un bien que deseamos y que pensamos que otro ha obtenido, habiéndole podido hacer nosotros antes.

La vergüenza
La vergüenza, que es un malestar de la mente provocado por el pensamiento de haber hecho alguna cosa que es indecente, o que lesiona la estimación que otros tienen de nosotros, no siempre va acompañada del rubor.
Filosóficas consideraciones sobre tantos y tantos aspectos de la vida. Impresiones particulares que cuando se desarrollan definen a quien lo hace. Así nos habla del ser humano visto desde una óptica particular, con la que habrá cosas en las que coincidimos y otras en que no. Pero es bueno el intento. Un abrazo.
 
Filosóficas consideraciones sobre tantos y tantos aspectos de la vida. Impresiones particulares que cuando se desarrollan definen a quien lo hace. Así nos habla del ser humano visto desde una óptica particular, con la que habrá cosas en las que coincidimos y otras en que no. Pero es bueno el intento. Un abrazo.
Muchas gracias Luis Á. Ruiz Peradejordi por su acercamiento a estas líneas y sus consideraciones.
Honrado con su visita.

Saludos
 
El placer y el dolor, y lo que los ocasiona, es decir, el bien y el mal, son los pilares sobre los que descansan nuestras pasiones. Y si reflexionamos y observamos cómo operan en nosotros estos, bajo distintas consideraciones, como son las modificaciones o disposiciones que producen en la mente, y qué
sensaciones internas (si puedo llamarlas así) producen en nosotros, podremos formarnos a partir de aquí ideas sobre nuestras pasiones.

Las cosas son, por tanto, buenas o malas, solamente en referencia al placer o al dolor. Eso que llamamos bueno es aquello que puede provocar o aumentar el placer, o bien disminuir el dolor en nosotros; o, también, lo que puede procurarnos o conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o evitarnos un mal. Y, por el contrario, llamamos mal a lo que puede provocar o incrementar un dolor, o disminuir cualquier placer en nosotros; o bien a lo que nos produce cualquier mal o nos priva de un bien.
Debe entenderse que por placer y dolor me refiero tanto al cuerpo como a la mente, según la distinción que comúnmente se establece, aunque en realidad no se trate sino de diferentes estados de la mente, provocados unas veces por desórdenes corporales, y otras por pensamientos de la mente.


El amor
De esta manera, quien quiera reflexionar sobre el pensamiento que tiene del deleite que cualquier cosa presente o ausente puede producirle, tendrá la idea que llamamos amor.

El odio
Por el contrario, el pensamiento de dolor que puede producirnos cualquier cosa presente o ausente, es lo que denominamos odio.

El deseo
El malestar que un hombre encuentra en sí mismo con motivo de la ausencia de cualquier cosa cuya presencia le hace gozar y le llevan la idea de deleite, es lo que llamamos deseo; este deseo puede ser mayor o menor, según el malestar sea más o menos vehemente. Por lo que, tal vez, no resulte muy útil el señalar que el principal, si no el único acicate de la industria y de la actividad de los hombres, es este malestar.

La alegría
La alegría es un deleite de la mente provocado por la consideración de la posesión de un bien actual o que se va a tener en un futuro; y poseemos cualquier bien cuando se halla en nuestro poder, de tal manera que podemos utilizarlo en el momento que deseamos.

La tristeza
La tristeza es un estado de malestar de la mente, provocado por el pensamiento de un bien perdido que se pudo haber disfrutado durante más tiempo, o bien por el sentimiento de un mal presente.

La esperanza
La esperanza es un placer de la mente que todo el mundo encuentra en sí mismo, a partir del pensamiento de un gozo futuro probable, de una cosa que puede provocar un deleite.

El temor
El temor es un estado de malestar de la mente por el pensamiento de un mal futuro que nos puede suceder.

La desesperación
La desesperación es el pensamiento de la imposibilidad de obtener un bien, que obra de diferente manera en las mentes de los hombres, pues unas veces produce malestar o dolor, y otras perezas e indolencia.

La cólera
La cólera es el malestar o descompostura de la mente, que cuando recibe una injuria abriga el propósito de vengarse.

La envidia
La envidia es un estado de malestar de la mente, provocado por la consideración de un bien que deseamos y que pensamos que otro ha obtenido, habiéndole podido hacer nosotros antes.

La vergüenza
La vergüenza, que es un malestar de la mente provocado por el pensamiento de haber hecho alguna cosa que es indecente, o que lesiona la estimación que otros tienen de nosotros, no siempre va acompañada del rubor.

Estos son tiempos de ideas vagas, de conceptos suaves, filosofías, "light", nos quieren hacer creer, los poderosos nefastos que imparten ideologías, que el mal es relativo, que es una apreciación ajena, que nadie puede decir qué es bueno y malo...así está el mundo. El pequeño mundo y el global, que parece haber olvidado los verdaderos valores.
Es un escrito interesante, Alde.
Que tengas un lindo día.
 
Estos son tiempos de ideas vagas, de conceptos suaves, filosofías, "light", nos quieren hacer creer, los poderosos nefastos que imparten ideologías, que el mal es relativo, que es una apreciación ajena, que nadie puede decir qué es bueno y malo...así está el mundo. El pequeño mundo y el global, que parece haber olvidado los verdaderos valores.
Es un escrito interesante, Alde.
Que tengas un lindo día.
Muchas gracias Cecilya por su interesante escrito también y elocuente reflexión.
Es un honor recibir su visita.

Saludos
 
Las cosas son, por tanto, buenas o malas, solamente en referencia al placer o al dolor. Eso que llamamos bueno es aquello que puede provocar o aumentar el placer, o bien disminuir el dolor en nosotros; o, también, lo que puede procurarnos o conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o evitarnos un mal. Y, por el contrario, llamamos mal a lo que puede provocar o incrementar un dolor, o disminuir cualquier placer en nosotros; o bien a lo que nos produce cualquier mal o nos priva de un bien.
Me dejó intrigado la relación placer-bueno, dolor-malo.

La experiencia me ha llevado por muchas zonas claro oscuras...
Pero es fácil caer en la trampa del absoluto/relativo... de lo concreto/abstracto.

Y así el embaucador acusa con el absoluto-concreto... y al mismo tiempo se defiende con el relativo-abstracto... Cuestión de conveniencia pues.

Claro que es fácil atacar y decir que es imposible... pero.
¿Cuántas veces han reído hasta llorar?
¿Cuantas veces un recuerdo triste de pronto les hace reír?

El saudade (lusitano) es un término específico para ese claro-oscuro de alegría-tristeza.

Físicamente en acupuntura y acupresión se recurre a pequeños dolores puntuales para amortiguar dolores extensos e intensos (como presionar un punto específico del tobillo para aliviar la migraña, o un punto tras la rodilla para aliviar el dolor de ciática).

La realidad desborda ejemplos claro-oscuros.

La sumisión gótica, el sado-masoquismo sexual, la flagelación espititual...

En fin...

¿Entonces la existencia de relativos anula los absolutos?
La respuesta es NO.

De igual manera los absolutos no impiden que surjan relativos.

¿La solución?
Tal como planteas Alde, los absolutos placer-bueno y dolor-malo direccionan la decisión principal.
Mientras los relativos sirven de ajuste, ya en compensación o por agravamiento.

Lo ideal es jamás dejarse llevar por el oportunista que quiere voltear la realidad a conveniencia.

Victimismo, ofensas, descalificaciones... ya no deben servir como antes.

Saludos cordiales Alde.
 
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