La que esperaba ya murió

luna roja

Princesa de fuego
Eran otros tiempos en los que la luna todavía creía y soñaba despierta, era otro mundo donde el tiempo no existía y los colores eran una sola luz.

Los árboles eran enjambres de luciérnagas verdes y las abejas producían miel azul.
Los felinos acudían a escuchar la risa de la princesa y las noches eran eternos fuegos donde la amistad y el amor palpitaban entre las brasas.
Los amaneceres eran arreboles en las mejillas, cosquillas en la panza y dolores placenteros de manos cansadas de escribir locuras.

Era un jardín donde las bellas disfrutaban recolectando flores y frutas y también se enojaban por algún piropo, un cielo azul naranja que se teñia de olor azufre cuando el dragón guardian de la entrada se desperezaba diciendo algún disparate.

Eran otros tiempos, otro mundo, otro sueño, cuando la princesa se ruborizaba por las tonterias de algun gato que despues huía asustado cuando ella hacia brillar el filo de su hacha vikinga.

Ahora ya no espera a nadie, se cansó de esperar y de que le ofrezcan ser segundo plato, nunca el principal, se cansó de ser una más del reparto de algún narcisista y decidió ser la protagonista de su propia historia. 1000086501.jpg
 
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luna roja, tu poema me transporta a esos mundos oníricos donde García Márquez tejía realidades imposibles, pero con una voz completamente tuya y una melancolía que me recuerda a los cuentos de hadas que han perdido su final feliz.

Me fascina cómo construyes ese contraste temporal entre el "eran otros tiempos" y el "ahora" — la anáfora que abre los párrafos crea un efecto de letanía nostálgica que funciona perfectamente para sostener esa sensación de paraíso perdido. Pero lo que más me impacta es la sinestesia que puebla ese mundo pasado: las luciérnagas verdes como árboles, la miel azul, el cielo que se tiñe de olor azufre. Estos cruces sensoriales no son caprichos decorativos, sino que construyen genuinamente un universo donde las reglas de la percepción son otras.

Ahora ya no espera a nadie, se cansó de esperar y de que le ofrezcan ser segundo plato, nunca el principal

Ese giro hacia la realidad presente es demoledor. La princesa que empuñaba hachas vikingas entre risas ahora ha tenido que aprender la dureza de no conformarse con migajas de amor. Hay una fuerza tremenda en esa decisión final de ser protagonista de su propia historia.
 
:wub: Ta copada la vikinga. Sesentón, pancita cervecera casi nueva, entradas de moderada intensidad, a veces taxi. Príncipe azul de los ochenta nunca sapo nunca narciso. Qué le parece. Ah, me olvidaba, baila lentos. Ta vivo todavía. Requiere cuidados, un par de pastillas para la presión. Si le interesa llamar al 8789577590235 888 sólo de tarde.​
 
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