No fue el dolor quien la llamó,
fue el milagro de encontrarte.
Hay ojos que lloran por ausencia;
los míos aprendieron a llorar por tenerte delante.
Tembló en el borde del silencio,
como un pájaro dudando del viento,
sin saber si caer sobre tu nombre
o regresar a esconderse en mi pecho.
No era tristeza.
Era el exceso de un sentimiento
que ya no cabía en la mirada.
Y comprendí que hay lágrimas
que no nacen de la herida,
sino del instante exacto
en que el corazón reconoce su hogar
en los ojos de otra alma.
fue el milagro de encontrarte.
Hay ojos que lloran por ausencia;
los míos aprendieron a llorar por tenerte delante.
Tembló en el borde del silencio,
como un pájaro dudando del viento,
sin saber si caer sobre tu nombre
o regresar a esconderse en mi pecho.
No era tristeza.
Era el exceso de un sentimiento
que ya no cabía en la mirada.
Y comprendí que hay lágrimas
que no nacen de la herida,
sino del instante exacto
en que el corazón reconoce su hogar
en los ojos de otra alma.