FanÁngel
Poeta recién llegado
Quiero ver la cara oculta de las cosas,
mas la luna no me deja.
Quiero oír el sollozo de lo ignorado,
mas el mar me lo arrebata.
Siento un ansia de incertidumbre,
pues la muerte del elefante rosa
lo confirma; y en mis sueños
se ha pintado la azucena púrpura
del misterio. El velo invisible
de lo intangible separa la realidad
del mundo mágico, y yo he visto
la cerradura que da acceso hacia lo ignoto.
He traspasado el umbral de lo inexplicable;
lunas cuadradas de color incierto
cuajan el paisaje donde el suelo
es el cielo sin un cielo al que mirar.
En mi viaje se han cubierto mis manos
de un éter desconocido, donde el mundo
de la lógica hace aguas y la realidad
que conocemos ya no existe. Una especie
de pañuelo blanco se me acerca y me dice
que es profesor de ciencia; la ciencia del
más allá, que no conocemos en el más acá,
allá de donde vengo.
En esta nueva realidad también hay leyes
y jerarquías, pero están difuminadas
por otro tipo de lógica y otro tipo
de ciencia que no alcanzamos a captar,
salvo por algunos pocos iniciados que
ya cruzaron antes que yo el umbral.
"Fueron pocos en su historia", me dice
el pañuelo blanco; me da sus nombres,
muchos de ellos conocidos,
pero ahora los he olvidado, ya que es
algo que no puedo revelar.
En mi viaje de regreso solo he podido
recordar esto: para viajar entre umbrales
se necesita una nueva lógica, una nueva
ciencia y, también, por tanto,
unas nuevas leyes físicas
y matemáticas que nada tienen
que ver con las que aquí conocemos.
Aquel pañuelo blanco dejó
un mensaje escrito en mi mente,
que sí debo transmitir:
"Pero no nos pueden ser reveladas.
La humanidad no está lista".
mas la luna no me deja.
Quiero oír el sollozo de lo ignorado,
mas el mar me lo arrebata.
Siento un ansia de incertidumbre,
pues la muerte del elefante rosa
lo confirma; y en mis sueños
se ha pintado la azucena púrpura
del misterio. El velo invisible
de lo intangible separa la realidad
del mundo mágico, y yo he visto
la cerradura que da acceso hacia lo ignoto.
He traspasado el umbral de lo inexplicable;
lunas cuadradas de color incierto
cuajan el paisaje donde el suelo
es el cielo sin un cielo al que mirar.
En mi viaje se han cubierto mis manos
de un éter desconocido, donde el mundo
de la lógica hace aguas y la realidad
que conocemos ya no existe. Una especie
de pañuelo blanco se me acerca y me dice
que es profesor de ciencia; la ciencia del
más allá, que no conocemos en el más acá,
allá de donde vengo.
En esta nueva realidad también hay leyes
y jerarquías, pero están difuminadas
por otro tipo de lógica y otro tipo
de ciencia que no alcanzamos a captar,
salvo por algunos pocos iniciados que
ya cruzaron antes que yo el umbral.
"Fueron pocos en su historia", me dice
el pañuelo blanco; me da sus nombres,
muchos de ellos conocidos,
pero ahora los he olvidado, ya que es
algo que no puedo revelar.
En mi viaje de regreso solo he podido
recordar esto: para viajar entre umbrales
se necesita una nueva lógica, una nueva
ciencia y, también, por tanto,
unas nuevas leyes físicas
y matemáticas que nada tienen
que ver con las que aquí conocemos.
Aquel pañuelo blanco dejó
un mensaje escrito en mi mente,
que sí debo transmitir:
"Pero no nos pueden ser reveladas.
La humanidad no está lista".