Entre motores y destornilladores encontré que aún te quiero.

Nicolás Rangel

Poeta recién llegado
No fue fácil,
y nunca lo ha sido,
despedirse de un pelo tan negro como el suyo.

Era un abismo,
a veces un lienzo
pero siempre mi universo.

Estoy aferrado a su cintura
como si aún no terminara la tempestad,
como si aún tuviera lugar
mi sombra en sus pupilas.

A pasado tanto viento
que tengo revueltos mis cabellos
y no sé por donde empezar.

De nuevo
a vivir
sin recordar.

Y regreso a mis dedos
y ellos a su bolígrafo
y la tinta de aquel viejo pincel
al recuerdo de sus pies gritando adiós.

Y ahí esta
bajando los escalones
de dos en dos
procurando no mirar atrás.

Yo miraba a lo lejos
la forma de su cabeza
mientras balanceaba,
era devorada por la calle,
y aún la sigo
en ciertas noches
donde arrepentido
le cuento al licor
por que nunca le dije adiós.

Y me altero.

Y viene un trago
que pasa quemando mi voz.

Me pregunta
y yo respondo
prendiendo un cigarrillo mas.

Y viene todo aquello
como viento,
como puñalada.

Yo la besaba
por todo su cuerpo
y pedía perdón
por quererme tanto,
por pensarme cuando no debía,
por amarme
cuando no lo merecía.

Yo la besaba
y entre sollozos
mi nombre pronunciaba
su alma desgarrada.

Su amor me hacía importante
me hacía existir.

Por eso volví
confiado,
sonriente
a mis tornillos
a mi banco repleto de maquinas,
a mi trabajo.

Y hoy
es difícil estar aquí
aunque te extraño
y extraño todo eso que hacías con el dolor.

Placer.

Sobre esta fría superficie
me duele el alma,
hace tanto que no estaba aquí
a solas
oliendo aún a tu piel.

Abrazando
todo este abecedario desordenado.

Te dejo un te quiero
por si alguna vez pasas por aquí
pensando encontrar ese collar de besos
que haré con todo esto.

Dime que sonríes
allá donde estás,
déjalo escrito
donde pueda leerlo
y prometo
no regresar jamás
a esta pálida superficie del papel.
 
No fue fácil,
y nunca lo ha sido,
despedirse de un pelo tan negro como el suyo.

Era un abismo,
a veces un lienzo
pero siempre mi universo.

Estoy aferrado a su cintura
como si aún no terminara la tempestad,
como si aún tuviera lugar
mi sombra en sus pupilas.

A pasado tanto viento
que tengo revueltos mis cabellos
y no sé por donde empezar.

De nuevo
a vivir
sin recordar.

Y regreso a mis dedos
y ellos a su bolígrafo
y la tinta de aquel viejo pincel
al recuerdo de sus pies gritando adiós.

Y ahí esta
bajando los escalones
de dos en dos
procurando no mirar atrás.

Yo miraba a lo lejos
la forma de su cabeza
mientras balanceaba,
era devorada por la calle,
y aún la sigo
en ciertas noches
donde arrepentido
le cuento al licor
por que nunca le dije adiós.

Y me altero.

Y viene un trago
que pasa quemando mi voz.

Me pregunta
y yo respondo
prendiendo un cigarrillo mas.

Y viene todo aquello
como viento,
como puñalada.

Yo la besaba
por todo su cuerpo
y pedía perdón
por quererme tanto,
por pensarme cuando no debía,
por amarme
cuando no lo merecía.

Yo la besaba
y entre sollozos
mi nombre pronunciaba
su alma desgarrada.

Su amor me hacía importante
me hacía existir.

Por eso volví
confiado,
sonriente
a mis tornillos
a mi banco repleto de maquinas,
a mi trabajo.

Y hoy
es difícil estar aquí
aunque te extraño
y extraño todo eso que hacías con el dolor.

Placer.

Sobre esta fría superficie
me duele el alma,
hace tanto que no estaba aquí
a solas
oliendo aún a tu piel.

Abrazando
todo este abecedario desordenado.

Te dejo un te quiero
por si alguna vez pasas por aquí
pensando encontrar ese collar de besos
que haré con todo esto.

Dime que sonríes
allá donde estás,
déjalo escrito
donde pueda leerlo
y prometo
no regresar jamás
a esta pálida superficie del papel.
Profundo y muy sensible el instante de tus versos amigo...
Un gusto leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy
 
Sentimientos a flor de piel. Buenos versos, duele esa nostalgia y soledad que te dejó. Me gusta el verso en el que nombras el tiempo, el viento y tus cabellos. Saludos desde mi estrella roja.
 

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