El dolor de la agonía

FanÁngel

Poeta recién llegado
Son como hojas caídas en la raíz del laurel.
Como ropa mojada en el tendedero de la indolencia.
Porque en el cáncer de la cortina se ajan
las manos secas de la lluvia en la quemadura.

Siente la rosa en sus pétalos el latido
del cáncer que extiende el rumor agrio
del lodo que la salpica; la sangre
que mana en las espinas el cerúleo
color enmohecido.

Mi cuerpo yace doliente con el cáncer
de la agonía, en su rostro cadavérico
se reflejan mis pupilas. No es el hambre
de llanto lo que devora mis órganos,
es la calamidad que echa fruta podrida
en el cáncer de mis huesos.

Hay un dolor que cercena mis sentidos
apagados por el gotero de la morfina.
Siento la opresión de cada gota, derramándose
en mis venas como quemazón de azufre;
presiono el botón de llamada, y acude
la enfermera de turno a cambiarme
la bolsa ignífuga de suero.

No puedo comer despacio, aspiro
el alimento líquido por la sonda
nasogástrica que me quema la nariz.
Es como la hierba que crece en mi agonía.
La hierba del sufrimiento por el dolor
que no se extingue en el fuego que me
atraviesa el brazo: la morfina no hace
efecto, y el dolor se hace inmensamente
insoportable.

Aprieto el botón de llamada:
la enfermera aparece con palabras
de dulzura, pero mi alma agoniza,
pido por mi boca muda la eutanasia.
¡Que no llega!
¡Que no llega!
 
Son como hojas caídas en la raíz del laurel.
Como ropa mojada en el tendedero de la indolencia.
Porque en el cáncer de la cortina se ajan
las manos secas de la lluvia en la quemadura.

Siente la rosa en sus pétalos el latido
del cáncer que extiende el rumor agrio
del lodo que la salpica; la sangre
que mana en las espinas el cerúleo
color enmohecido.

Mi cuerpo yace doliente con el cáncer
de la agonía, en su rostro cadavérico
se reflejan mis pupilas. No es el hambre
de llanto lo que devora mis órganos,
es la calamidad que echa fruta podrida
en el cáncer de mis huesos.

Hay un dolor que cercena mis sentidos
apagados por el gotero de la morfina.
Siento la opresión de cada gota, derramándose
en mis venas como quemazón de azufre;
presiono el botón de llamada, y acude
la enfermera de turno a cambiarme
la bolsa ignífuga de suero.

No puedo comer despacio, aspiro
el alimento líquido por la sonda
nasogástrica que me quema la nariz.
Es como la hierba que crece en mi agonía.
La hierba del sufrimiento por el dolor
que no se extingue en el fuego que me
atraviesa el brazo: la morfina no hace
efecto, y el dolor se hace inmensamente
insoportable.

Aprieto el botón de llamada:
la enfermera aparece con palabras
de dulzura, pero mi alma agoniza,
pido por mi boca muda la eutanasia.
¡Que no llega!
¡Que no llega!
Triste enfermedad, la peor de todas.
Amarga decisión.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba