Julio palma
Poeta recién llegado
Es el momento justo que esperaba la noche
Por encontrarse en la solitaria calle. El latido,
Que suspiraba en cada segundo,
Con tan sólo en aparecer en su propio mundo.
La pasión del alma, la pasión del corazón;
Es un motivo de una ardiente razón,
Que persigue día a día que,
Desde aquella vez que murió en su estado primaveral,
Le hizo recordad lo bello que fue su felicidad.
Más tarde, más largo pasa el tiempo,
Es lo que le hace recordar en aquel momento,
Ese dulce resplandor, maravilloso ardor;
Que lo salvó de aquellos días de dolor,
Mientras que en su féretro le pide perdón.
En ese instante, cuando estaba en su ataúd,
Luego de haber arribado a la senectud
Le dijo estas palabras desde lo más profundo de su corazón:
“Mi corazón persigue tu aliento,
Que me das…
Cada vez que miras
Y cuando te recuerdo, lo que viene en mí,
Es ese pensamiento en la que te tengo a ti,
En la que me digo a mí mismo;
Como pude haber sido tan sonso en ese momento,
En dejarte ir y decirme una vez más lo tonto que fui…”.
Por encontrarse en la solitaria calle. El latido,
Que suspiraba en cada segundo,
Con tan sólo en aparecer en su propio mundo.
La pasión del alma, la pasión del corazón;
Es un motivo de una ardiente razón,
Que persigue día a día que,
Desde aquella vez que murió en su estado primaveral,
Le hizo recordad lo bello que fue su felicidad.
Más tarde, más largo pasa el tiempo,
Es lo que le hace recordar en aquel momento,
Ese dulce resplandor, maravilloso ardor;
Que lo salvó de aquellos días de dolor,
Mientras que en su féretro le pide perdón.
En ese instante, cuando estaba en su ataúd,
Luego de haber arribado a la senectud
Le dijo estas palabras desde lo más profundo de su corazón:
“Mi corazón persigue tu aliento,
Que me das…
Cada vez que miras
Y cuando te recuerdo, lo que viene en mí,
Es ese pensamiento en la que te tengo a ti,
En la que me digo a mí mismo;
Como pude haber sido tan sonso en ese momento,
En dejarte ir y decirme una vez más lo tonto que fui…”.