danie
solo un pensamiento...
Esa fue la primera vez, pero no la única…
Imagínense un peso muerto
impulsado por la acción física de una masa
muscular obtusa,
sin concepto alguno de dignidad.
Un peso aproximado de 92 kilos
dando un fuerte golpe en el estómago
y luego abalanzándose
hasta embestir con la furia de mil perros en celo.
Ahora, imagínense la fragilidad de un espejo,
un espejo en el que ella se maquillaba todos los días.
¡Ay!, si hablara el espejo… Mil veces le hubiese dicho
que siempre hay una rivalidad
entre lo más fuerte
y lo más blando, puro, débil.
Imagínense que esa noche
el perfume de la muerte
emborrachó con whisky barato
hasta a las estrellas que miran desde el cielo.
Después de eso, sólo queda para imaginar
la geografía cárdena
de aquel frágil cuerpo entre sábanas,
la vulnerabilidad quedando inconsciente
en el áspero asfalto de un dormitorio cualquiera.
Es fácil imaginar, pero por más
que imaginemos toda una vida
nunca llegaremos a saber como ella
cuánto llegan a doler las esquinas,
el concreto en el que se duerme
igual que en una almohada…
¡Ay! ¿Cuánto duele
el labio partido de una canción de cuna?
Imaginemos blanco y negro,
suave y áspero, frágil y fuerte,
cielo y tierra, bella y bestia,
Dios y el diablo. Bueno, esto último es para Dios…
—¡Óyeme Dios! Tú también puedes imaginar esa noche,
esa vez primera, pero no única
y sabrás cómo llorar lo que creaste
a tu semejanza.
Imagínense un peso muerto
impulsado por la acción física de una masa
muscular obtusa,
sin concepto alguno de dignidad.
Un peso aproximado de 92 kilos
dando un fuerte golpe en el estómago
y luego abalanzándose
hasta embestir con la furia de mil perros en celo.
Ahora, imagínense la fragilidad de un espejo,
un espejo en el que ella se maquillaba todos los días.
¡Ay!, si hablara el espejo… Mil veces le hubiese dicho
que siempre hay una rivalidad
entre lo más fuerte
y lo más blando, puro, débil.
Imagínense que esa noche
el perfume de la muerte
emborrachó con whisky barato
hasta a las estrellas que miran desde el cielo.
Después de eso, sólo queda para imaginar
la geografía cárdena
de aquel frágil cuerpo entre sábanas,
la vulnerabilidad quedando inconsciente
en el áspero asfalto de un dormitorio cualquiera.
Es fácil imaginar, pero por más
que imaginemos toda una vida
nunca llegaremos a saber como ella
cuánto llegan a doler las esquinas,
el concreto en el que se duerme
igual que en una almohada…
¡Ay! ¿Cuánto duele
el labio partido de una canción de cuna?
Imaginemos blanco y negro,
suave y áspero, frágil y fuerte,
cielo y tierra, bella y bestia,
Dios y el diablo. Bueno, esto último es para Dios…
—¡Óyeme Dios! Tú también puedes imaginar esa noche,
esa vez primera, pero no única
y sabrás cómo llorar lo que creaste
a tu semejanza.
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