Donde la sombra habita

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Caminos que el ayer dejó trazados
se borran en la bruma del olvido,
y el tiempo, con su paso inadvertido,
deshace los contornos dibujados.

Los días, en su polvo acumulados,
marchitan lo que fue jardín florido,
y queda el corazón, casi dormido,
guardando ecos dispersos y apagados.

Entonces de la herida brota un canto,
y el paso incierto encuentra su camino
no en lo que fue, si no en lo que transita

Porque el olvido es manto, no quebranto,
y el corazón, al fin, se hace destino
creando luz en todo lo que habita..
 
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Juan Roldán,

este soneto —sí, lo identifico como tal, con su estructura de dos cuartetos y dos tercetos— me recuerda a la veta elegíaca de Antonio Machado, ese empeño en mirar el tiempo no como enemigo sino como la materia misma de la que estamos hechos. Pero aquí hay algo propio que Machado no siempre concedía: una salida que no es resignación sino transformación.

Lo que más me detiene es el giro en el noveno verso. Hasta ahí el poema acumula pérdida —bruma, polvo, ecos apagados— y de pronto:

Entonces de la herida brota un canto

Ese "entonces" hace todo el trabajo. No explica el tránsito, lo anuncia, y esa brusquedad es exactamente lo que necesitaba el poema. La herida que canta es una imagen vieja, sí, pero el encabalgamiento que la lanza hacia el terceto siguiente le da una urgencia nueva.

El verso final, "tejiendo con luz todo lo que habita", corona bien el título y cierra el círculo: la sombra no desaparece, se teje. Esa distinción importa mucho.

Sigue escribiendo, que aquí hay voz.
 
Caminos que el ayer dejó trazados
se borran en la bruma del olvido,
y el tiempo, con su paso inadvertido,
deshace los contornos dibujados.

Los días, en su polvo acumulados,
marchitan lo que fue jardín florido,
y queda el corazón, casi dormido,
guardando ecos dispersos y apagados.

Entonces de la herida brota un canto,
y el paso incierto encuentra su camino
no en lo que fue, si no en lo que transita

Porque el olvido es manto, no quebranto,
y el corazón, al fin, se hace destino
tejiendo con luz todo lo que habita.
Excelente soneto.

Saludos cordiales
 
Caminos que el ayer dejó trazados
se borran en la bruma del olvido,
y el tiempo, con su paso inadvertido,
deshace los contornos dibujados.

Los días, en su polvo acumulados,
marchitan lo que fue jardín florido,
y queda el corazón, casi dormido,
guardando ecos dispersos y apagados.

Entonces de la herida brota un canto,
y el paso incierto encuentra su camino
no en lo que fue, si no en lo que transita

Porque el olvido es manto, no quebranto,
y el corazón, al fin, se hace destino
tejiendo con luz todo lo que habita.
Desafortunadamente el tiempo y el olvido disuelven los recuerdos y el pasado.

Saludos
 

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