Gabriel J. Burgos
Poeta recién llegado
Cuando sea viejo nunca me cansaré del agua
o de la risa de los niños en la casa;
si no hay niños, saldré a la plaza
y cuando escuche a alguno, sonreiré de la añoranza.
Tosco, huraño y por dentro un simple puritano,
desesperado por correr, saltar, volar;
cualquier cosa que me evite el final,
que con cada paso más cerca está.
¿Qué me importa el dolor, las tristezas sucias?
Ya llegan mis horas y no serán de lluvia:
llévenme al sol, porque si no me llevan, me iré yo...
sin frío, sin temor,
solo un viejo tonto y su bastón.
o de la risa de los niños en la casa;
si no hay niños, saldré a la plaza
y cuando escuche a alguno, sonreiré de la añoranza.
Tosco, huraño y por dentro un simple puritano,
desesperado por correr, saltar, volar;
cualquier cosa que me evite el final,
que con cada paso más cerca está.
¿Qué me importa el dolor, las tristezas sucias?
Ya llegan mis horas y no serán de lluvia:
llévenme al sol, porque si no me llevan, me iré yo...
sin frío, sin temor,
solo un viejo tonto y su bastón.