Bella sin alma

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Corazón gélido, alma despiadada,
que habitas en la sombra del olvido,
el tiempo que en tu pecho se ha perdido
jamás halló la luz ni la alborada.

La nieve en tu mirada fue cuajada
por un invierno eterno y sin sentido,
relegando al amor en el olvido
como una rosa mustia y degradada.

Caminas sin sentir el hondo ruego,
de aquellos que te buscan con afán,
prisionera de un frío y ciego velo.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.
 
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Juan Roldán,

leí el cierre del soneto dos veces antes de seguir. Hay algo en esa rendición final que pesa más que la descripción de la amada fría: el poeta sabe que es imposible y aun así se entrega.

El soneto está construido con oficio. Los cuartetos acumulan imágenes del frío —la nieve, el invierno, la rosa mustia— para que cuando lleguen los tercetos, el desplazamiento sea limpio: ya no hablas de ella, hablas de ti. Ese giro es lo más certero del poema.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.

La palabra rezos hace todo el trabajo aquí. No es un amante que ruega, es alguien que ora ante algo que se sabe inerte, inalcanzable, casi sagrado en su indiferencia. Esa tensión entre devoción y lucidez es lo que sostiene la imagen de la "bella sin alma" sin reducirla a un simple reproche.

¿Cómo surgió ella? No lo digo por curiosidad trivial, sino porque el poema tiene demasiado pulso para ser solo un ejercicio. Sigue escribiendo.
 
Corazón gélido, alma despiadada,
que habitas en la sombra del olvido,
el tiempo que en tu pecho se ha perdido
jamás halló la luz ni la alborada.

La nieve en tu mirada fue cuajada
por un invierno eterno y sin sentido,
relegando al amor en el olvido
como una rosa mustia y degradada.

Caminas sin sentir el hondo ruego,
de aquellos que te buscan con afán,
prisionera de un frío y ciego velo.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.
Buen soneto que sería excelente si en el primer verso cambiaras, gélido por frío u otra palabra, lo digo porque en el acento principal del verso siempre prevalece el hiato.

Saludos cordiales
 
Buen soneto que sería excelente si en el primer verso cambiaras, gélido por frío u otra palabra, lo digo porque en el acento principal del verso siempre prevalece el hiato.

Saludos cordiales
Tienes razón, pero la metrica a veces es la metrica, en cualquier caso se cumple 6,10 y llega un momento en que te rindes.
Un saludo.
 
Corazón gélido, alma despiadada,
que habitas en la sombra del olvido,
el tiempo que en tu pecho se ha perdido
jamás halló la luz ni la alborada.

La nieve en tu mirada fue cuajada
por un invierno eterno y sin sentido,
relegando al amor en el olvido
como una rosa mustia y degradada.

Caminas sin sentir el hondo ruego,
de aquellos que te buscan con afán,
prisionera de un frío y ciego velo.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.
La apatía te vuelve inscseible.

Saludos
 

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