Barro y arena

FanÁngel

Poeta recién llegado
Santurrones de piel enmohecida
lloran por las catedrales.
En sus hábitos desnudos
se enrosca la sierpe voladora.
La voz de anís de sus quebradas
bocas exhala un aliento de escarlatina
mojada y sus plegarias con las manos
implorando al cielo las devora
el tiempo de los devotos fieles
al silencio de los astros.
El sol y la luna enmudecen
en su ciclo virginal de
noche y día, las estrellas
se suicidan en un mar
de espacio oscuro, y los
planetas giran y giran
en sus órbitas de cáñamo
sin descanso y sin remedio
en su ímpetu repetitivo
con su inevitable final.

Las cosas se enhebran
en el caos del universo
en el colmo de su cosmos,
cosmos frío dibujado por
¿la mano de Dios?
¿o de dioses egipcios?
¿o de dioses helénicos?
¿o de dioses hinduistas?
¿o dioses mesoamericanos?
¿o dioses africanos...?

El mundo de la existencia
desfila por nuestras mentes
con una claridad de luz mecánica
en su fuego fotogénico.
Vislumbramos la existencia,
pero ignoramos su sentido
en la lógica de nuestra
ciencia, la entendemos
en cierta forma, pero
desconocemos la fórmula
original, pues Dios o los
dioses nos confunden con
sus estratagemas invisibles.

Ser humano irrelevante en tu
solitaria existencia,
domesticas animales para
huir de la soledad,
pero la soledad es la
enfermedad de tu alma
desgarrada por la ferocidad
de tu estirpe deshilachada;
buscas vida en el cosmos,
similar a tu estirpe carroñera,
pero no la encuentras
en este cosmos de burbujas,
pues cada burbuja es un cosmos
en sí mismo, y es ahí donde yerras,
hombre de lodo y arena,
hombre de mente vacía
aprisionada por el veneno
de tu vanidad primitiva.

Sueñas un futuro en las estrellas,
pero la ciencia ficción es tu señera,
sueñas conquistar otros planetas,
pero has llegado al límite de tu ciencia,
y los secretos de los distintos cosmos
no te serán revelados jamás, pues tu
tiempo en esta Tierra se va
extinguiendo como una llama
en el fuego de tu efímera
existencia.

Sueña, sueña, sueña y sueña.
Pues no hay nada más,
hombre de barro y arena.
 
Santurrones de piel enmohecida
lloran por las catedrales.
En sus hábitos desnudos
se enrosca la sierpe voladora.
La voz de anís de sus quebradas
bocas exhala un aliento de escarlatina
mojada y sus plegarias con las manos
implorando al cielo las devora
el tiempo de los devotos fieles
al silencio de los astros.
El sol y la luna enmudecen
en su ciclo virginal de
noche y día, las estrellas
se suicidan en un mar
de espacio oscuro, y los
planetas giran y giran
en sus órbitas de cáñamo
sin descanso y sin remedio
en su ímpetu repetitivo
con su inevitable final.

Las cosas se enhebran
en el caos del universo
en el colmo de su cosmos,
cosmos frío dibujado por
¿la mano de Dios?
¿o de dioses egipcios?
¿o de dioses helénicos?
¿o de dioses hinduistas?
¿o dioses mesoamericanos?
¿o dioses africanos...?

El mundo de la existencia
desfila por nuestras mentes
con una claridad de luz mecánica
en su fuego fotogénico.
Vislumbramos la existencia,
pero ignoramos su sentido
en la lógica de nuestra
ciencia, la entendemos
en cierta forma, pero
desconocemos la fórmula
original, pues Dios o los
dioses nos confunden con
sus estratagemas invisibles.

Ser humano irrelevante en tu
solitaria existencia,
domesticas animales para
huir de la soledad,
pero la soledad es la
enfermedad de tu alma
desgarrada por la ferocidad
de tu estirpe deshilachada;
buscas vida en el cosmos,
similar a tu estirpe carroñera,
pero no la encuentras
en este cosmos de burbujas,
pues cada burbuja es un cosmos
en sí mismo, y es ahí donde yerras,
hombre de lodo y arena,
hombre de mente vacía
aprisionada por el veneno
de tu vanidad primitiva.

Sueñas un futuro en las estrellas,
pero la ciencia ficción es tu señera,
sueñas conquistar otros planetas,
pero has llegado al límite de tu ciencia,
y los secretos de los distintos cosmos
no te serán revelados jamás, pues tu
tiempo en esta Tierra se va
extinguiendo como una llama
en el fuego de tu efímera
existencia.

Sueña, sueña, sueña y sueña.
Pues no hay nada más,
hombre de barro y arena.
Una visión sombría y existencialista de la humanidad y el universo.

Saludos
 

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