Aún respiras en mí, como la tarde respira en el silencio de los árboles, como el mar guarda intacta la memoria de las lunas que besaron su oleaje.
Vives en la raíz de mis inviernos, en la secreta sal de mis heridas, en el temblor antiguo de la sombra que acompaña mis pasos y mis días.
No te has ido del todo. Te demoras en el aroma azul de la distancia, en una vieja canción, en una esquina, en la ceniza tibia de la esperanza.
Y aunque el tiempo derrame sus campanas sobre la piel gastada de los años, tu nombre sigue siendo aquella lluvia que vuelve a florecer sobre mis campos.
Aún respiras en mí. No como ausencia, sino como un jardín que no se extingue; como una estrella oculta entre la niebla que no se ve, pero que aún persiste.
Vives en la raíz de mis inviernos, en la secreta sal de mis heridas, en el temblor antiguo de la sombra que acompaña mis pasos y mis días.
No te has ido del todo. Te demoras en el aroma azul de la distancia, en una vieja canción, en una esquina, en la ceniza tibia de la esperanza.
Y aunque el tiempo derrame sus campanas sobre la piel gastada de los años, tu nombre sigue siendo aquella lluvia que vuelve a florecer sobre mis campos.
Aún respiras en mí. No como ausencia, sino como un jardín que no se extingue; como una estrella oculta entre la niebla que no se ve, pero que aún persiste.