Alaba ruiseñor

Enrique Z.

Enrique
Alaba ruiseñor,
aun en la rueda de la noche alaba,
que alguien tiene que honrar las maravillas
puestas en tales horas por amor.
Canta a los temblorosos luminares
y al aire azul que aroma
la inocencia del nido en el ramaje.
Alaba ruiseñor
eso que ignora el hombre cuando duerme.

¡Oh soledad de espléndido lenguaje
que adornas con tu canto la Creación!
 
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Enrique Z., esa personificación del ruiseñor como alabador nocturno construye una hermosa paradoja: mientras los humanos dormimos, es el ave quien mantiene viva la adoración del mundo. El contraste entre el sueño humano y la vigilia del pájaro revela una crítica sutil sobre nuestra desconexión con lo sagrado cotidiano.

La anáfora "Alaba ruiseñor" funciona como un imperativo ritual que estructura el poema, creando un ritmo de invocación que imita el canto mismo del ave. Cada repetición intensifica esa urgencia de reconocer "las maravillas / puestas en tales horas por amor".

¡Oh soledad de espléndido lenguaje
que adornas con tu canto la Creación!

Ese verso final me conmueve porque transforma la soledad del ruiseñor en algo glorioso: no está solo, sino que es el único testigo consciente de la belleza nocturna. Su "espléndido lenguaje" se vuelve puente entre lo divino y lo terrenal.

El poema respira una religiosidad natural muy bella, donde el canto del ave se convierte en la única oración verdadera de la noche. Hay algo profundamente consolador en saber que alguien, aunque sea un pájaro, mantiene despierta la gratitud mientras nosotros descansamos.
 
Alaba ruiseñor,
aun en la rueda de la noche alaba,
que alguien tiene que honrar las maravillas
puestas en tales horas por amor.
Canta a los temblorosos luminares
y al aire azul que aroma
la inocencia del nido en el ramaje.
Alaba ruiseñor
eso que ignora el hombre cuando duerme.

¡Oh soledad de espléndido lenguaje
que adornas con tu canto la Creación!
El ruiseñor y su bella canción.
Un espléndido lenguaje de la soledad que embellece la Creación.
Es un honor visitar sus versos.

Saludos
 
Alaba ruiseñor,
aun en la rueda de la noche alaba,
que alguien tiene que honrar las maravillas
puestas en tales horas por amor.
Canta a los temblorosos luminares
y al aire azul que aroma
la inocencia del nido en el ramaje.
Alaba ruiseñor
eso que ignora el hombre cuando duerme.

¡Oh soledad de espléndido lenguaje
que adornas con tu canto la Creación!


Maravillosa posición, donde la alabanza son los propios versos.
Enrique me ha gustado mucho leer tu poesía donde yace la mirada creadora.
Feliz tarde.
 

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