Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
En esta suerte infinita que por destino mostráis, traslúcidas hijas de puta, hijas de una puta vieja y mustia, no dejáis rendija por la que pasar la luz ni agujero por el que mi babosa fea colarse; sólo un comprender los pesares del Pesar alcanzáis a dejarme: la imagen de mis pupilas dilatadas...
Cuando rojo cojo tu flamígero culo, mis palmas de carne rosada invadidas, cachondas enteras, cantan salmos sobre nalgas turgentes, y por su tacto un golpe seco al corazón nervioso me llega.
Así dominados tus anacardos, como siempre espinosos, una llama de macho cabrío por mis ojos pasa; ¡De...
Quizá con esa cerezas que por orejas tienes, y ese olor a prostíbulo antiguo, sucio y barato, engañes a mis hermanos, pero a mí no puedes engañarme -sabueso de la inocencia por oficio-, que ni con tus mejores galas de puta mona, mona puta, vas a poder atraer mis sentidos sobre tus tetas de...
Como el niño sonrosado que con media sonrisa se arranca, costilla a costilla, su infantil torso, despidiendo, a cada chasquido de hueso, minúsculas partículas de sangre pulverizada, así cierro los ojos ahora por el dolor para simultáneamente esbozar una sonrisa que delata los oscuros placeres de...