Alvaro L R
Poeta recién llegado
Cuando rojo cojo tu flamígero culo, mis palmas de carne rosada invadidas, cachondas enteras, cantan salmos sobre nalgas turgentes, y por su tacto un golpe seco al corazón nervioso me llega.
Así dominados tus anacardos, como siempre espinosos, una llama de macho cabrío por mis ojos pasa; ¡De sangre están sedientos! Los tuyos: acuáticos, húmedos, dicen deseo tras falso enfado bien enmascarado.
Termino el azote con pena. Tú pides ternura y cuidados, y yo, yo llorando marcho, sublime deseo debajo de mis pestañas falocéntricas.
Así dominados tus anacardos, como siempre espinosos, una llama de macho cabrío por mis ojos pasa; ¡De sangre están sedientos! Los tuyos: acuáticos, húmedos, dicen deseo tras falso enfado bien enmascarado.
Termino el azote con pena. Tú pides ternura y cuidados, y yo, yo llorando marcho, sublime deseo debajo de mis pestañas falocéntricas.