Y Alberto casi perdió la cabeza

VicenteMoret

Moder. Biblioteca P. Clásica.Cronista del Tamboura
Miembro del equipo
Moderadores
Alberto es un niño igual que todos los demás niños que conozco. Es simpático, alegre, juguetón, desordenado... Bueno, la verdad es que Alberto es un poco más igual que los demás. Ya se sabe que en este mundo todos somos iguales, aunque algunos seamos más iguales que otros. Y es que yo soy el papá de Alberto.

Pero en lo que coinciden todos es en que Alberto es un tipo original. Uno de los días que lo llevamos al médico, por aquello de la ITV infantil, mientras hablábamos con su pediatra, tristemente fallecido no hace mucho tiempo, percibimos algo terrible... En la consulta, aparte de nuestras voces, no se oía nada ¡mal presagio!. Cuando volvimos la cabeza para buscar a Alberto encontramos al susodicho, pero no estaba solo. A su alrededor, en el suelo, pudimos ver la anatomía completa y detallada del fonendo, escoitófono, o esteto-no-sé-qué del médico. Alberto había desmontado completamente el aparato, miraba su obra, y sonreía satisfecho de su hazaña.

-¡Vaya! -acertó a decir el pediatra- es un niño muy hábil con las manitas.

Contaba el churumbel unos seis mesecitos de nada.

El diagnóstico del pediatra no podía ser más acertado... Al cabo de un tiempo, en casa, volvimos a escuchar el estruendoso silencio que solía acompañar a Alberto en sus momentos de mayor creatividad. Alarmados, su madre y yo empezamos nuestras pesquisas, hasta que descubrimos que nuestro futuro ingeniero había desmontado todos los topes de las puertas de la primera planta y, sucio como estaba -en realidad estaban sucios los dos: niño y topes- chupaba uno de ellos, como si fuera un caramelo.

Otro día, movido por su imparable afán investigador, se le ocurrió tratar de averiguar qué había al otro lado de una de las sillas del salón. Pero en esta ocasión le falló el método científico, ya que en el otro lado había lo que él mismo podía ver a través de los barrotes del respaldo. Hemos de suponer que Alberto no lo sabía. Así que, sin pensárselo dos veces, metió la cabeza por los barrotes. También hay que decir que Alberto es más igual que el resto de niños que conozco en cuanto a capacidad de recepción de sonidos se refiere. Y claro, cuando quiso sacar la cabeza, los receptáculos auditivos hicieron tope, y no pudo salir... Y empezó a llorar.

-¿Y qué hacemos ahora?- preguntó su madre.
-¿Se va a quedar ahí para siempre?- preguntó su hermano con un cierto brillo de alegría en sus ojos.

Yo, que tengo fama de actuar rápido ante los imprevistos, aunque no siempre bien, bajé al sótano, cogí una sierra, subí al salón, y serré el respaldo de la silla con el niño dentro. Mi mujer me llamó imbécil, y ahora nos falta una silla en el comedor.

Aquel día Alberto estuvo a punto de perder la cabeza... Su madre y yo hace ya tiempo que la hemos perdido.

VICENTE MORET
 
Jajjajajajaj Muy buen relato Vicente, lo fundamental es que Alberto no perdió la cabeza, la conserva jajjajjaa y no dentro de una silla.
La realidad infantil es increible en si misma si además Alberto es original, tiembla. Yo tengo debilidad por uno de 4 añitos que se metió una alubia en el oido y le germinó.

Un abrazo POETA
 
Jajjajajajaj Muy buen relato Vicente, lo fundamental es que Alberto no perdió la cabeza, la conserva jajjajjaa y no dentro de una silla.
La realidad infantil es increible en si misma si además Alberto es original, tiembla. Yo tengo debilidad por uno de 4 añitos que se metió una alubia en el oido y le germinó.

Un abrazo POETA

Gracias amiga... Y sí, es muy original. Un beso. Churrete.
 
Los niños son originales, inteligentes y traviesos, hermoso relato.
Alberto. Ya tengo nombre para a uno de los protagonista de mi próximo cuento.
Un abrazo amigo
 
jajaj muy bueno me hiciste reir con las travesuras de alberto y la desesperacion de padre fue un gusto leerte saludos
 

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