Verás crecer tus alas cada día

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SONETO
Siéntate en mi regazo, niña mía,
no tengas tanta prisa por volar,
que aún no has terminado de emplumar
y es tiempo de ternura y fantasía.


Verás crecer tus alas cada día,
no dejes en tu vuelo de soñar,
nunca le pongas límite al amar
y el viento silbará tu melodía.


Has de aprender también el vuelo raso
cuando sufras de amor la desventura
y quedes atrapada en la tristeza.

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.



 
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SONETO
Siéntate en mi regazo, niña mía,
no tengas tanta prisa por volar,
que aún no has terminado de emplumar
y es tiempo de ternura y fantasía.


Verás crecer tus alas cada día,
no dejes en tu vuelo de soñar,
nunca le pongas límite al amar
y el viento silbará tu melodía.


Has de aprender también el vuelo raso
cuando sufras de amor la desventura
y quedes atrapada en la tristeza.

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.





Justo entré al portal y vi tu poema.
Las temáticas de madre e hija me conmueven, me recuerdan a mi pequeña que partió hace ya casi seis años.
Creo que a veces no encontramos las palabras, sino que ellas nos encuentran, y tus versos tan llenos de ternura, de verdad tocan el corazón.
La vida verdadera es desarrollar esas alas y crecer.
Y los niños, los hijos, sea cual fuere el tiempo que permanezcan en este mundo, nos dan la oportunidad de conocer el amor verdadero.
Muchas gracias Isabel por usar esta poderosa herramienta que es la poesía, para decir cosas buenas, esas cosas buenas que merecen ser expresadas.

Un abrazo.
 
Justo entré al portal y vi tu poema.
Las temáticas de madre e hija me conmueven, me recuerdan a mi pequeña que partió hace ya casi seis años.
Creo que a veces no encontramos las palabras, sino que ellas nos encuentran, y tus versos tan llenos de ternura, de verdad tocan el corazón.
La vida verdadera es desarrollar esas alas y crecer.
Y los niños, los hijos, sea cual fuere el tiempo que permanezcan en este mundo, nos dan la oportunidad de conocer el amor verdadero.
Muchas gracias Isabel por usar esta poderosa herramienta que es la poesía, para decir cosas buenas, esas cosas buenas que merecen ser expresadas.

Un abrazo.

Estimada Cecil, al leer tu comentario, una vez más me doy cuenta de las cosas tan graves que nos suceden siendo compañeros, y que desconocemos, es lo malo de las amistades virtuales, años compartiendo y no sabemos lo realmente importante que acontece en la vida del otro.
Si, querida Cecil, los niños nos traen luz, y si algo existiera de verdad sobre ángeles, no me cabe duda de que ellos lo son, nos traen el brillo de las estrellas y nos dejan su luz cuando se van. Toda esa ternura experimentada durante su tiempo con nosotros, nos deja su huella y nos hace mejores personas.
Un gusto tenerte aquí, querida Cecil. Gracias
Un abrazo grande
Isabel
 
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SONETO
Siéntate en mi regazo, niña mía,
no tengas tanta prisa por volar,
que aún no has terminado de emplumar
y es tiempo de ternura y fantasía.


Verás crecer tus alas cada día,
no dejes en tu vuelo de soñar,
nunca le pongas límite al amar
y el viento silbará tu melodía.


Has de aprender también el vuelo raso
cuando sufras de amor la desventura
y quedes atrapada en la tristeza.

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.



Hermosos consejos a una hija. Un gusto leerte.
 
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SONETO
Siéntate en mi regazo, niña mía,
no tengas tanta prisa por volar,
que aún no has terminado de emplumar
y es tiempo de ternura y fantasía.


Verás crecer tus alas cada día,
no dejes en tu vuelo de soñar,
nunca le pongas límite al amar
y el viento silbará tu melodía.


Has de aprender también el vuelo raso
cuando sufras de amor la desventura
y quedes atrapada en la tristeza.

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.



Qué soneto tan emotivo, Isabel, y el último terceto....

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.

.... estos versos podrían suplir perfectamente a los diez mandamientos porque, si todos los aplicáramos, ya no tendrían ningún sentido.

Un enorme abrazo.
Javi
 
Qué soneto tan emotivo, Isabel, y el último terceto....

Hasta el último brillo de tu ocaso
ofrece el cielo azul de tu ternura,
pues la entrega es el don de tu grandeza.

.... estos versos podrían suplir perfectamente a los diez mandamientos porque, si todos los aplicáramos, ya no tendrían ningún sentido.

Un enorme abrazo.
Javi
Gracias Javier, siempre es una alegría encontrarme con tus comentarios, tan cercanos, tan lúcidos y a la vez imaginativos. Gracias.
Pues menos mal que esos tres versos es lo que siento que nos salva y hemos de conservar hasta nuestros últimos días, porque de los mandamientos ni me acuerdo, pero seguro que andan escondidos en mi mente , como todo lo que nos enseñan en la infancia.
Un abrazo.
Isabel
 
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