rodrigotoro
Poeta adicto al portal
CAPITULO DIECISEIS: CARAMELO DE SANGRE.
Cuando el sueño finalmente terminó por aplacar a la ansiosa personalidad de Roderick, éste se despidió del padre Runei y salió de la sacristía.
Caminaba lentamente, ayudándose con el bastón, y evitando el automóvil para ejercitar la pierna. La hora había avanzado, y el sol comenzaba a empacar para darle paso a la bohemia luna.
Roderick bostezaba, mientras en su cabeza se arremolinaban las cientos de conjeturas y teorías que junto al hombre de fe elucubrasen y que en mayor o menor grado revoloteaban en torno a tres preguntas clave ¿sería posible revertir la condición vampírica de Alicia? ¿Quién sería la siguiente víctima?, y ¿Cómo detener a Alejandra?
Estaba inmerso en aquél océano de dudas, cuyas mareas tormentosas se oscurecían a cada momento, cuando una sensación de que alguien le observaba le alertó. Volteó, pero no pudo ver a nadie. A esas horas la cantidad de transeúntes había bajado drásticamente; Un viento cruzado y frío conspiraba también a ese respecto Una llamada del teléfono móvil le sacó parcialmente de sus dudas. Al responder, pudo reconocer la voz del forense, y sin mayores preámbulos recibió una noticia escalofriante: el cuerpo, ya descompuesto, de un hombre de 55 años de edad había sido descubierto en un techo sobre un almacén de abarrotes en la parte colonial de la ciudad. Y nuevamente la causa de muerte era la misma anemia aguda.
Roderick estaba requiriendo mayores datos y precisiones sobre el nefasto crimen cuando un violento golpe le tumbó de bruces; Al soltarse de su mano, el teléfono se hizo pedazos; el golpe volvió a resentir su pierna; al reaccionar, pudo ver detrás de él a un perro blanco, ojos rojos, y provisto de unos colmillos pronunciados y agudos que se aprestaba para saltar sobre él. Como pudo Roderick se aferró a su bastón y lo blandió como arma Y sin mediar más el furioso animal saltó sobre su persona. Las fauces del perro sorprendieron la mano derecha del detective; De un poderoso bastonazo logró liberar su herida extremidad; El perro, entonces, se arrojó sobre su rostro, y sus colmillos rosaron su mejilla; Roderick atrapó su cuello con ambas manos: La fuerza de ese animal, pese a lo reducido de su tamaño, era sobrenatural. Escasamente podía detenerlo El corazón del detective saltaba en su pecho por el esfuerzo y la adrenalina; El forcejeo y tira y afloja continuaron; el dolor de la pierna castigaba el cerebro del hombre con intensidad; Roderick sentía en el aliento de ese perro el inconfundible hedor de la sangre; Era una pesadilla, una autentica locura...¿era un perro vampiro quien le agredía?
Haciendo acopio de toda su fuerza logró empujar hacia atrás a su atacante. Y tomando el bastón nuevamente le propinó un certero y fuerte golpe en un ojo. Adolorido, el perro se alejó aullando a una velocidad increíble que quizás ni un leopardo lograse imprimir a sus movimientos...
A salvo, Roderick atendió su sangrante mano: Las heridas eran profundas. Con dificultad se sacó la chaqueta, arrancó la manga de su camisa sudada y se aplicó un vendaje lo mejor que pudo. Pensó en regresar a la sacristía, pero decidió continuar el camino a su casa para alejar el eventual peligro de Runei.
-------------------------
A toda velocidad el perro ingresó al amplio salón del living. Corrió hasta donde estaba Alejandra, quien posaba inmóvil para un retrato que Alicia dibujaba con milimétrico detalle.
-ALEJANDRA: ¡Aquí estas caramelin .! ¿acabaste con ese feo y torpe detective?
-ALICIA: Siente el olor de sangre humana que trae en su hocico; Parece que nuestra pilita se portó muy bien para ser su primera cacería...
-ALEJANDRA: Así es, es un magnifico animal. El español aún vive: Pero ahora está contaminado.
-ALICIA: ¿Para eso enviaste a Caramelo a atacarle?
-ALEJANDRA: ¡Si: Para que experimente en carne propia el dolor de una transformación que le dejará a medio camino entre su condición humana y la nuestra!... Jamás será uno de nosotros, pero todo su cuerpo se irá muriendo de a poco en una agonía que ni la morfina calmará
-ALICIA: Roderick tiene tu diario de vida.
-ALEJANDRA: Si, lo sé. Cuando le ataqué en la plazoleta, el día que renaciste, lo leí en su mente. Descuida Ludávica: tiempo es lo que me sobra, ya lo recuperaré ..
Cuando el sueño finalmente terminó por aplacar a la ansiosa personalidad de Roderick, éste se despidió del padre Runei y salió de la sacristía.
Caminaba lentamente, ayudándose con el bastón, y evitando el automóvil para ejercitar la pierna. La hora había avanzado, y el sol comenzaba a empacar para darle paso a la bohemia luna.
Roderick bostezaba, mientras en su cabeza se arremolinaban las cientos de conjeturas y teorías que junto al hombre de fe elucubrasen y que en mayor o menor grado revoloteaban en torno a tres preguntas clave ¿sería posible revertir la condición vampírica de Alicia? ¿Quién sería la siguiente víctima?, y ¿Cómo detener a Alejandra?
Estaba inmerso en aquél océano de dudas, cuyas mareas tormentosas se oscurecían a cada momento, cuando una sensación de que alguien le observaba le alertó. Volteó, pero no pudo ver a nadie. A esas horas la cantidad de transeúntes había bajado drásticamente; Un viento cruzado y frío conspiraba también a ese respecto Una llamada del teléfono móvil le sacó parcialmente de sus dudas. Al responder, pudo reconocer la voz del forense, y sin mayores preámbulos recibió una noticia escalofriante: el cuerpo, ya descompuesto, de un hombre de 55 años de edad había sido descubierto en un techo sobre un almacén de abarrotes en la parte colonial de la ciudad. Y nuevamente la causa de muerte era la misma anemia aguda.
Roderick estaba requiriendo mayores datos y precisiones sobre el nefasto crimen cuando un violento golpe le tumbó de bruces; Al soltarse de su mano, el teléfono se hizo pedazos; el golpe volvió a resentir su pierna; al reaccionar, pudo ver detrás de él a un perro blanco, ojos rojos, y provisto de unos colmillos pronunciados y agudos que se aprestaba para saltar sobre él. Como pudo Roderick se aferró a su bastón y lo blandió como arma Y sin mediar más el furioso animal saltó sobre su persona. Las fauces del perro sorprendieron la mano derecha del detective; De un poderoso bastonazo logró liberar su herida extremidad; El perro, entonces, se arrojó sobre su rostro, y sus colmillos rosaron su mejilla; Roderick atrapó su cuello con ambas manos: La fuerza de ese animal, pese a lo reducido de su tamaño, era sobrenatural. Escasamente podía detenerlo El corazón del detective saltaba en su pecho por el esfuerzo y la adrenalina; El forcejeo y tira y afloja continuaron; el dolor de la pierna castigaba el cerebro del hombre con intensidad; Roderick sentía en el aliento de ese perro el inconfundible hedor de la sangre; Era una pesadilla, una autentica locura...¿era un perro vampiro quien le agredía?
Haciendo acopio de toda su fuerza logró empujar hacia atrás a su atacante. Y tomando el bastón nuevamente le propinó un certero y fuerte golpe en un ojo. Adolorido, el perro se alejó aullando a una velocidad increíble que quizás ni un leopardo lograse imprimir a sus movimientos...
A salvo, Roderick atendió su sangrante mano: Las heridas eran profundas. Con dificultad se sacó la chaqueta, arrancó la manga de su camisa sudada y se aplicó un vendaje lo mejor que pudo. Pensó en regresar a la sacristía, pero decidió continuar el camino a su casa para alejar el eventual peligro de Runei.
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A toda velocidad el perro ingresó al amplio salón del living. Corrió hasta donde estaba Alejandra, quien posaba inmóvil para un retrato que Alicia dibujaba con milimétrico detalle.
-ALEJANDRA: ¡Aquí estas caramelin .! ¿acabaste con ese feo y torpe detective?
-ALICIA: Siente el olor de sangre humana que trae en su hocico; Parece que nuestra pilita se portó muy bien para ser su primera cacería...
-ALEJANDRA: Así es, es un magnifico animal. El español aún vive: Pero ahora está contaminado.
-ALICIA: ¿Para eso enviaste a Caramelo a atacarle?
-ALEJANDRA: ¡Si: Para que experimente en carne propia el dolor de una transformación que le dejará a medio camino entre su condición humana y la nuestra!... Jamás será uno de nosotros, pero todo su cuerpo se irá muriendo de a poco en una agonía que ni la morfina calmará
-ALICIA: Roderick tiene tu diario de vida.
-ALEJANDRA: Si, lo sé. Cuando le ataqué en la plazoleta, el día que renaciste, lo leí en su mente. Descuida Ludávica: tiempo es lo que me sobra, ya lo recuperaré ..