maria ortiz
Poeta recién llegado
La tierra estaba abonada y la semilla
preparada, la planta germinaba
florecitas, hojitas muy verdes con el
tallo muy levantado.
La raiz bien plantada, todos los días
la regaba y la acariciaba, frutos bellos
y frondosos que sus brazos no la
dejaban.
Compartiendo con ella cosas que no
había experimentado, después que la
mimaba, iba a ver las otras plantas
comunicándoles cuanto la amaba.
Se abrazaban como dos locos
enamorados, pero más bien parecían
dos niños encontrados.
Poco duró su romance, la semilla
estaba dañada, mucho hizo la planta
para no morir envenenada, estaba
tan fracturada que no le importaba
nada.
Una voz clama, ¡levántate! porque él
está trastornado por una semilla que no
le va a dejar nada, esa tierra no está
preparada por eso su alma no le
extenderá su mano.
Riegate como puedas porque sus
huesos quedarán fragmentados y tú
tendrás ahora que levantarlo.
preparada, la planta germinaba
florecitas, hojitas muy verdes con el
tallo muy levantado.
La raiz bien plantada, todos los días
la regaba y la acariciaba, frutos bellos
y frondosos que sus brazos no la
dejaban.
Compartiendo con ella cosas que no
había experimentado, después que la
mimaba, iba a ver las otras plantas
comunicándoles cuanto la amaba.
Se abrazaban como dos locos
enamorados, pero más bien parecían
dos niños encontrados.
Poco duró su romance, la semilla
estaba dañada, mucho hizo la planta
para no morir envenenada, estaba
tan fracturada que no le importaba
nada.
Una voz clama, ¡levántate! porque él
está trastornado por una semilla que no
le va a dejar nada, esa tierra no está
preparada por eso su alma no le
extenderá su mano.
Riegate como puedas porque sus
huesos quedarán fragmentados y tú
tendrás ahora que levantarlo.
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