IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Amanece,
tierno el sol,
como las sombras que se mecen,
acechando,
contando sin prisa
las angustias de este mundo,
con la mente en blanco,
mi corazón me pide claridad, no ceguera,
aunque la blanquecina desdicha
nos permite dilucidar
la cornisa de entre la incertidumbre,
una perspectiva única
para apreciar nuestros lamentos sempiternos,
nuestros consuelos bailan antes de saltar,
arrasando con su libre albedrio,
todos seremos desgracia,
por vivir intentando,
por creer en la gracia de un dios muerto,
inducido al inmóvil agrietamiento,
un sueño se me percibe palpable,
disfrutable a mi imaginación,
por no ser quizás
lo que siempre he imaginado,
el sol comienza su huida,
la tarde se desangra,
a las orillas del encuentro,
a mis pies,
la intrépida sensación
de como el agua nos roba los segundos,
en mis ojos, añoranza y melancolía,
mi familia, aun con la aspereza en la piel,
esa sensación
en la que el tiempo se aferra
pero nunca desvanece,
¿será esta mi última tarde?
en las marismas de la nostalgia,
ponientes que son fin y milagro,
inmóvil,
aprecio una mano
de entre lo que se sabe indetenible,
me susurra directo al corazón,
mas blanca que toda alma,
"ven con nosotros,
esta será nuestra última tarde",
se desmorona al fin el viento,
el sol se sumerge en un silencio divino,
me inclino hacia mi sueño,
seco
y con mi suelo abatido.
tierno el sol,
como las sombras que se mecen,
acechando,
contando sin prisa
las angustias de este mundo,
con la mente en blanco,
mi corazón me pide claridad, no ceguera,
aunque la blanquecina desdicha
nos permite dilucidar
la cornisa de entre la incertidumbre,
una perspectiva única
para apreciar nuestros lamentos sempiternos,
nuestros consuelos bailan antes de saltar,
arrasando con su libre albedrio,
todos seremos desgracia,
por vivir intentando,
por creer en la gracia de un dios muerto,
inducido al inmóvil agrietamiento,
un sueño se me percibe palpable,
disfrutable a mi imaginación,
por no ser quizás
lo que siempre he imaginado,
el sol comienza su huida,
la tarde se desangra,
a las orillas del encuentro,
a mis pies,
la intrépida sensación
de como el agua nos roba los segundos,
en mis ojos, añoranza y melancolía,
mi familia, aun con la aspereza en la piel,
esa sensación
en la que el tiempo se aferra
pero nunca desvanece,
¿será esta mi última tarde?
en las marismas de la nostalgia,
ponientes que son fin y milagro,
inmóvil,
aprecio una mano
de entre lo que se sabe indetenible,
me susurra directo al corazón,
mas blanca que toda alma,
"ven con nosotros,
esta será nuestra última tarde",
se desmorona al fin el viento,
el sol se sumerge en un silencio divino,
me inclino hacia mi sueño,
seco
y con mi suelo abatido.