Tus Ojos...
Son el arrullo de la mar en calma,
como dos lagos profundos y dormidos;
son el consuelo que buscaba el alma,
luceros de mis noches encendidos.
Son en mi desierto aquél nítido espejismo,
claras promesas de oasis anhelados;
agua que emana del paraíso mismo,
mantos que absuelven penurias y pecados.
Hermosas lunas que inundando mi destino,
emergen llenas o crecientes en ocasos
y que aún menguantes alumbran el camino
que felizmente me lleva hasta tus brazos.
Son mi lugar de arribo, fiel remanso,
puertos hermosos en bahías serenas,
islas secretas donde yo descanso
y encuentro alivio sobre sus arenas.
Son prisiones de las que no hay salida
donde en propia voluntad purgo condenas,
son tus ojos ya mis celdas de por vida,
dos custodios que me tienen en cadenas.
Son cristales que revelan tus pasiones,
reflejos puros de tus íntimas batallas,
delatores de escondidas emociones,
evidentes indiscretos y canallas
que ignorantes al fin de tus razones,
te traicionan dando voz a lo que callas.
Son esos ojos gitanos de princesa
que me vuelven con su magia otra vez niño,
hechiceros que dominan y embelezan
bajo el místico poder de un solo guiño.
Son de mi fe cáliz de amor, templo sagrado,
altar bendito a donde yo de hinojos-
voy implorando ante tu ser postrado,
que sea mi religión siempre tus ojos.
Son todo lo que anhelo de esta vida
llevarme tras la muerte, bien amada,
que si no hubiera tierra prometida,
habría de hallar mi edén en tu mirada.
- Emilio Mejía Luarca
Son el arrullo de la mar en calma,
como dos lagos profundos y dormidos;
son el consuelo que buscaba el alma,
luceros de mis noches encendidos.
Son en mi desierto aquél nítido espejismo,
claras promesas de oasis anhelados;
agua que emana del paraíso mismo,
mantos que absuelven penurias y pecados.
Hermosas lunas que inundando mi destino,
emergen llenas o crecientes en ocasos
y que aún menguantes alumbran el camino
que felizmente me lleva hasta tus brazos.
Son mi lugar de arribo, fiel remanso,
puertos hermosos en bahías serenas,
islas secretas donde yo descanso
y encuentro alivio sobre sus arenas.
Son prisiones de las que no hay salida
donde en propia voluntad purgo condenas,
son tus ojos ya mis celdas de por vida,
dos custodios que me tienen en cadenas.
Son cristales que revelan tus pasiones,
reflejos puros de tus íntimas batallas,
delatores de escondidas emociones,
evidentes indiscretos y canallas
que ignorantes al fin de tus razones,
te traicionan dando voz a lo que callas.
Son esos ojos gitanos de princesa
que me vuelven con su magia otra vez niño,
hechiceros que dominan y embelezan
bajo el místico poder de un solo guiño.
Son de mi fe cáliz de amor, templo sagrado,
altar bendito a donde yo de hinojos-
voy implorando ante tu ser postrado,
que sea mi religión siempre tus ojos.
Son todo lo que anhelo de esta vida
llevarme tras la muerte, bien amada,
que si no hubiera tierra prometida,
habría de hallar mi edén en tu mirada.
- Emilio Mejía Luarca