Tu princesa de Aragua
Poeta recién llegado
Tú, madre,
que seres celestiales
a este mundo has traído.
Devota mujer que con esfuerzos a tus hijos
has guiado por el buen camino,
acaso el tiempo o el vacío de tu lecho
han corrompido esa predilección maternal
o quizás esa vena jamás has tenido.
Tú, madre,
cuéntame ¿qué ha pasado contigo?.
Acaso el placer de la carne,
el cerebro o corazón te han carcomido;
tus prioridades has incautado
y tus principios al viento has relegado.
¿Será que la experiencia no te supo enseñar
que la devoción por la carne es algo circunstancial?,
ahora pones en tela de juicio la honradez y seguridad
de tus propios hijos.
Tú, madre,
que posees el don de dar vida.
Señalas a quien adelante salió
para ofrecerte a ti
y a sus hermanos una mejor vida,
porque aquel que te gratifica
con lujuriosas veladas de pasión
no te brinda ni un plato de comida;
acaso habrás perdido la razón
o la madurez nunca a tu puerta llegó.
Tú, madre.
Con el tiempo la vejez te visitará
y la lujuria en ti o en él morirá,
muy sola pronto quedarás,
y aunque no se pueda asegurar,
tú has declinado tu rol de madre
pero tus hijos contigo siempre estarán.
Tú, madre.
Si es que así puedes llamarte,
la santidad en ti se ha desvanecido,
tu perdición ha malogrado a tus hijos
y todo por ser la amante de un desconocido.
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