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Triunfo del alma en la discordia de sus males

Adalberto Martin USA

Poeta recién llegado
Triunfo del alma en la discordia de sus males
(Idea tomada de un soneto de Francisco de Borja y Aragón)

Sosiega, mente cansada,
deja el loco pensamiento,
que ya no basta el tormento
en esta vida turbada.

Son Amor, Fortuna y Muerte:
tres gigantes en desvelo,
bajo este cóncavo cielo
vienen a buscar mi suerte.

Arma cada cual su brazo
con acero y con rigor,
disputándose el honor
de dar a mi alma el lazo.

Es una guerra prolija
donde el alma es el botín,
buscando darme ya el fin
con saña que no se fija.

Si no mudas la intención,
pensamiento ciego y vago,
beberé el amargo trago
de una eterna perdición.

Llegará el mal paso a tiempo
si persigues tu locura,
pues no existe la ventura
en tan veloz contratiempo.

Aunque quieras socorrerme
cuando el daño esté sellado,
será un esfuerzo cansado
que no podrá ya valerme.

Serán torres en el viento,
castillos de pura arena,
que no calman esta pena
ni detienen el momento.

Tres contrarios me persiguen
con un odio tan profundo,
que por sacarme del mundo
con sus garras me consiguen.

El Amor me hiere el pecho
con sus flechas de diamante,
y en su cárcel de arrogante
quiere verme ya deshecho.


La Fortuna, siempre esquiva,
con su rueda voladora,
mi esperanza ya devora
para que sin alma viva.

Y la Muerte, sombra fría,
con su guadaña de hielo,
me promete por consuelo
la final melancolía.

Cada cual busca el derecho
de ser mi solo homicida,
disputando mi caída
con el odio en su provecho.

Mas su furia es tan intensa
y su orgullo tan fatal,
que en este combate igual
nadie ofrece su defensa.

Como no logran unión
en su afán de destrüirme,
logro mantenerme firme
en medio de su ambición.

Son efectos tan variados,
tan tenues y singulares
que todos por ser impares
se quedan allí anulados.

Al no poder conformarse
en quién será el vencedor,
se fatiga su furor
y logran ellos cansarse.

Es un nudo de despojos
donde el mal se contradice,
y el destino no bendice
las lágrimas de mis ojos.

¡Qué extraña y dulce ironía!
por tres muertes perseguido,
no me quedo yo rendido
en su negra compañía.

Pues por causas tan inciertas,
encuentro vida en mi herida:
tengo libre mi partida
entre tres muertes ya muertas.

Adalberto Martín
 
Última edición:
Triunfo del alma en la discordia de sus males
(Idea tomada de un soneto de Francisco de Borja y Aragón)

Sosiega, mente cansada,
deja el loco pensamiento,
que ya no basta el tormento
en esta vida turbada.

Son Amor, Fortuna y Muerte:
tres gigantes en desvelo,
bajo este cóncavo cielo
vienen a buscar mi suerte.

Arma cada cual su brazo
con acero y con rigor,
disputándose el honor
de dar a mi alma el lazo.

Es una guerra prolija
donde el alma es el botín,
buscando darme ya el fin
con saña que no se fija.

Si no mudas la intención,
pensamiento ciego y vago,
beberé el amargo trago
de una eterna perdición.

Llegará el mal paso a tiempo
si persigues tu locura,
pues no existe la ventura
en tan veloz contratiempo.

Aunque quieras socorrerme
cuando el daño esté sellado,
será un esfuerzo cansado
que no podrá ya valerme.

Serán torres en el viento,
castillos de pura arena,
que no calman esta pena
ni detienen el momento.

Tres contrarios me persiguen
con un odio tan profundo,
que por sacarme del mundo
con sus garras me consiguen.

El Amor me hiere el pecho
con sus flechas de diamante,
y en su cárcel de arrogante
quiere verme ya deshecho.


La Fortuna, siempre esquiva,
con su rueda voladora,
mi esperanza ya devora
para que sin alma viva.

Y la Muerte, sombra fría,
con su guadaña de hielo,
me promete por consuelo
la final melancolía.

Cada cual busca el derecho
de ser mi solo homicida,
disputando mi caída
con el odio en su provecho.

Mas su furia es tan intensa
y su orgullo tan fatal,
que en este combate igual
nadie ofrece su defensa.

Como no logran unión
en su afán de destrüirme,
logro mantenerme firme
en medio de su ambición.

Son efectos tan variados,
tan tenues y singulares
que todos por ser impares
se quedan allí anulados.

Al no poder conformarse
en quién será el vencedor,
se fatiga su furor
y logran ellos cansarse.

Es un nudo de despojos
donde el mal se contradice,
y el destino no bendice
las lágrimas de mis ojos.

¡Qué extraña y dulce ironía!
por tres muertes perseguido,
no me quedo yo rendido
en su negra compañía.

Pues por causas tan inciertas,
encuentro vida en mi herida:
tengo libre mi partida
entre tres muertes ya muertas.

Adalberto Martín
Un alma atormentada, perseguida por el amo, la fortuna y la muerte.
Extraña vivencia.

Saludos
 

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