Évano
Libre, sin dioses.
Deseo aconsejar la lectura de este libro en el cual encontré desmenuzada y analizada la idiosincrasia del español, pero también del resto de las diferentes culturas que habitan la península ibérica. Quizá hay que remontarse a Cervantes para encontrar un análisis tan exhaustivo de nosotros. Cervantes, en el capítulo del "Retablo de las Maravillas", nos cuenta cómo se ríen con grandes fiestas de despilfarro de las aventuras del Quijote y Sancho Panza unos duques aragoneses. Molina se pregunta aquí de dónde surgía ya el dinero para tales despilfarros. Pero Cervantes, único en mostrar la realidad española de entonces esquivando a los poderes establecidos, narra también la entrada de dos estafadores a un pueblo de paletos, los engaña con una obra de teatro que representarán y que solo la podrá ver "el que tenga la sangre y descendencia pura de cristiano, y no aquella que contenga restos de judíos o árabes". La obra es vista por todo el pueblo, hasta que uno de ellos afirma que las tablas están vacías, que no hay representación de teatro ninguna. Tal hombre ha de callarse, ya que le dicen que "Si no ve nada es porque uno de ellos es". Este capítulo del Quijote, lo Utiliza Antonio Molina Muñoz para expresar qué ocurrió en los años en los que España estaba eufórica y despilfarradora ante la palabrería y quijotesca actuación de los políticos y españoles en general. No recuerdo un libro tan cabal ni tan necesario. Pienso que debería ser de obligada lectura ya no solo en España, sino en todo país que quiera conservar una democracia de escuelas públicas, sanidad pública y con leyes que garanticen los derechos humanos fundamentales. Es una retrospectiva del pasado cercano de esta gran crisis, del por qué aconteció, de cuánto cuesta crear y lo poco que hace falta para destruir. Una libro que nos dice que hay que trabajar bien, dar lo mejor de cada uno y apartar a charlatanes y palabrerías y apoyar al que actúa con ética y moral, con hechos. "La excelencia puede ser emulada igual que la mediocridad, y la buena educación se contagia igual que la grosería. Por eso importa tanto lo que uno hace en el ámbito de su propia vida, en la zona de irradiación directa de su comportamiento, no en el mundo gaseoso y fácilmente embustero de la palabrería", Antonio Muñoz Molina. Lo dicho, para mí ha sido un libro que marcará un antes y un después en mí. Y no es que lo recomiende, sino, como ya he dicho, debería ser de obligada lectura. Si tengo tiempo pondré algunas frases más del libro. No se arrepentirán de leerlo, ya sean ustedes de izquierdas, de derechas, catalanes, argentinos, de México o andaluces o de donde sea, porque hallarán una parte de ustedes en este libro. Muchas gracias por leer. Se les saluda afectuosamente.
Algunas frases y párrafos del libro "Todo lo que era sólido", de Antonio Muñoz Molina, editorial Seix Barral:
"La realidad desaparecía bajo el ruido constante y las diatribas políticas."
"Se construía un aeropuerto entero para salir en el periódico y para imaginar que la existencia del aeropuerto provocaría por sí misma la llegada de aviones y la prosperidad del tráfico aereo."
"Los políticos filtran informaciones interesadas que los periodistas hacen cómodamente pasar como fruto de una investigación inexistente."
"Lo que escucha (el político español cuando dialoga con el contrario) no es la voz del otro sino su propia voz amplificada por los suyos".
"...En treinta años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente de poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros, es tan poderosa que hacen falta muchos años de constante educación para corregirla. Lo natural es exigir límites a los demás y no exigirlos a uno mismo. Creerse uno el centro del mundo es tan natural como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber. Lo natural es la barbarie, no la civilización, el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata y no el empeño a largo plazo. Lo natural es que haya señores y súbditos, no ciudadanos que delegan en otros, temporalmente y bajo estrictas condiciones, el ejercicio de la soberanía y el bien común. Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia. La única manera de predicar la democracia es con el ejemplo. Y con el ejemplo de sus actos y sus palabras lo que han predicado con abrumadora frecuencia en España la mayoría de los dirigentes políticos y de sus propagandistas ha sido lo contrario a la democracia. Han predicado la greña, la violencia verbal, la irresponsabilidad personal y colectiva, el halago, la intransigencia, la palabrería embustera, la falta de rigor, la indulgencia hacia el robo, el victimismo, el narcisismo, la paletería satisfecha, el odio, la grosería populista, el desprecio a las leyes que ellos mismos aprobaban. Han incumplido las normas legales que ellos mismos aprobaban. Han declarado intocable un paisaje natural y a continuación no han hecho nada para impedir que un especulador inmobiliario protegido por ellos talara miles de árboles o secar un humedal para construir viviendas de lujo y campos de golf...".
Algunas frases y párrafos del libro "Todo lo que era sólido", de Antonio Muñoz Molina, editorial Seix Barral:
"La realidad desaparecía bajo el ruido constante y las diatribas políticas."
"Se construía un aeropuerto entero para salir en el periódico y para imaginar que la existencia del aeropuerto provocaría por sí misma la llegada de aviones y la prosperidad del tráfico aereo."
"Los políticos filtran informaciones interesadas que los periodistas hacen cómodamente pasar como fruto de una investigación inexistente."
"Lo que escucha (el político español cuando dialoga con el contrario) no es la voz del otro sino su propia voz amplificada por los suyos".
"...En treinta años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel. Y la tendencia infantil y adolescente de poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros, es tan poderosa que hacen falta muchos años de constante educación para corregirla. Lo natural es exigir límites a los demás y no exigirlos a uno mismo. Creerse uno el centro del mundo es tan natural como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber. Lo natural es la barbarie, no la civilización, el grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata y no el empeño a largo plazo. Lo natural es que haya señores y súbditos, no ciudadanos que delegan en otros, temporalmente y bajo estrictas condiciones, el ejercicio de la soberanía y el bien común. Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto. Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia. La única manera de predicar la democracia es con el ejemplo. Y con el ejemplo de sus actos y sus palabras lo que han predicado con abrumadora frecuencia en España la mayoría de los dirigentes políticos y de sus propagandistas ha sido lo contrario a la democracia. Han predicado la greña, la violencia verbal, la irresponsabilidad personal y colectiva, el halago, la intransigencia, la palabrería embustera, la falta de rigor, la indulgencia hacia el robo, el victimismo, el narcisismo, la paletería satisfecha, el odio, la grosería populista, el desprecio a las leyes que ellos mismos aprobaban. Han incumplido las normas legales que ellos mismos aprobaban. Han declarado intocable un paisaje natural y a continuación no han hecho nada para impedir que un especulador inmobiliario protegido por ellos talara miles de árboles o secar un humedal para construir viviendas de lujo y campos de golf...".
Última edición: