Todo está escrito

OscarCortazar

Poeta recién llegado
Alguien encontró un pedazo de carbón. Estaba jugando con él, estaba analizando mediante él, a través de su rugosidad, de su simpleza aparente. Un pedazo de carbón es de los objetos más amorfos que existen, de los elementos mas comunes que hay, pero es una materia vistosa. Si uno se deja llevar por su entraña, medio dócil, lo puede llevar quién sabe a dónde. Lo mismo a una mina que a un fogón, igual a un papel que a un lápiz.
Cuando las ideas se encauzan a través de un lápiz de carbón grafito, cuando se hacen con él una y la misma cosa, el carbón grafito, ese palo delgado y negro con solidez propia, con espacio en cualquier lugar, puede acabar siendo caligrafías distintas. Cualquiera que se permita dibujar diestramente con él es una artista del lienzo o el papel, con creatividad siempre, pendiente de los tonos violentos y suaves, de sus invenciones. Es el caso del famoso artista español Francisco de Goya, quien afirmaba: "Dadme un pedazo de carbón y os haré un cuadro."
Alguien encontró un pedazo de carbón. Lo frotó contra una superficie rocosa y creó líneas gruesas y disparejas en unos cuantos centímetros. (Visto así, expresado así, que raro parece el carbón mineral, comparado con la puntilla fina de ciertos lápices, artilugios atractivos por lo demás; y es que las palabras pueden ser buenas acompañantes, porque una imagen mental del carbón vale igual que mil palabras escritas con lápiz). Desde entonces todo rastro de carbón grafito está plasmado en papel. Todo examen está contestado. Todo block de dibujo está pintado y borrado. Todo lápiz está en un portafolio, lapicera, escritorio. Todo lápiz está reunido con plumones, colores, lapiceros. Todo lápiz es más que un simple lápiz: es un artefacto hecho en metal, madera o plástico. Es así y no de otra manera. Ese tipo de cosas sucede cuando uno se aboca a la pléyade del pensamiento que una puntilla de grafito empuja, a la resaca de las ideas que provoca el lápiz.
Desde entonces no hay estudiante de arquitectura que no tenga listo su boceto en el papel junto con la escritura orgullosa, guardado en un portaplanos. No hay nota adhesiva bien pegada en una superficie que no lleve plasmada una anotación breve en el centro o arriba, con caligrafía natural y pueril.
Los escritores aficionados ya no dejan al aire sus ideas, las conjugan una tras otra, pues han aprendido a garabatear las líneas en libretas, conforme o no a las reglas de los grandes poetas, conforme a los vaivenes de su alma y de su entendimiento. Esas líneas que hacen suspirar a los enamorados, a los compungidos y melancólicos de cualquier época y lugar, porque están destinados para ellos, para que cualquier lector vea que alguien dijo lo que a le preocupaba durante la vigilia y el sueño. Y los estudiantes apilan sus notas, con apuntes fuertes e intuiciones, que después serán un sistema movible que explique el mundo.
Ya no hay anotaciones huérfanas, ni cuadernos escolares sin sus correspondientes apuntes, ni agendas sin llenar, ni recibos de negocios a la deriva. Todo tiene que estar escrito. Y fue porque alguien encontró un pedazo de carbón.
 
Alguien encontró un pedazo de carbón. Estaba jugando con él, estaba analizando mediante él, a través de su rugosidad, de su simpleza aparente. Un pedazo de carbón es de los objetos más amorfos que existen, de los elementos mas comunes que hay, pero es una materia vistosa. Si uno se deja llevar por su entraña, medio dócil, lo puede llevar quién sabe a dónde. Lo mismo a una mina que a un fogón, igual a un papel que a un lápiz.
Cuando las ideas se encauzan a través de un lápiz de carbón grafito, cuando se hacen con él una y la misma cosa, el carbón grafito, ese palo delgado y negro con solidez propia, con espacio en cualquier lugar, puede acabar siendo caligrafías distintas. Cualquiera que se permita dibujar diestramente con él es una artista del lienzo o el papel, con creatividad siempre, pendiente de los tonos violentos y suaves, de sus invenciones. Es el caso del famoso artista español Francisco de Goya, quien afirmaba: "Dadme un pedazo de carbón y os haré un cuadro."
Alguien encontró un pedazo de carbón. Lo frotó contra una superficie rocosa y creó líneas gruesas y disparejas en unos cuantos centímetros. (Visto así, expresado así, que raro parece el carbón mineral, comparado con la puntilla fina de ciertos lápices, artilugios atractivos por lo demás; y es que las palabras pueden ser buenas acompañantes, porque una imagen mental del carbón vale igual que mil palabras escritas con lápiz). Desde entonces todo rastro de carbón grafito está plasmado en papel. Todo examen está contestado. Todo block de dibujo está pintado y borrado. Todo lápiz está en un portafolio, lapicera, escritorio. Todo lápiz está reunido con plumones, colores, lapiceros. Todo lápiz es más que un simple lápiz: es un artefacto hecho en metal, madera o plástico. Es así y no de otra manera. Ese tipo de cosas sucede cuando uno se aboca a la pléyade del pensamiento que una puntilla de grafito empuja, a la resaca de las ideas que provoca el lápiz.
Desde entonces no hay estudiante de arquitectura que no tenga listo su boceto en el papel junto con la escritura orgullosa, guardado en un portaplanos. No hay nota adhesiva bien pegada en una superficie que no lleve plasmada una anotación breve en el centro o arriba, con caligrafía natural y pueril.
Los escritores aficionados ya no dejan al aire sus ideas, las conjugan una tras otra, pues han aprendido a garabatear las líneas en libretas, conforme o no a las reglas de los grandes poetas, conforme a los vaivenes de su alma y de su entendimiento. Esas líneas que hacen suspirar a los enamorados, a los compungidos y melancólicos de cualquier época y lugar, porque están destinados para ellos, para que cualquier lector vea que alguien dijo lo que a le preocupaba durante la vigilia y el sueño. Y los estudiantes apilan sus notas, con apuntes fuertes e intuiciones, que después serán un sistema movible que explique el mundo.
Ya no hay anotaciones huérfanas, ni cuadernos escolares sin sus correspondientes apuntes, ni agendas sin llenar, ni recibos de negocios a la deriva. Todo tiene que estar escrito. Y fue porque alguien encontró un pedazo de carbón.
Un trozo de carbón que te hace plasmar ideas y organizarlas.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba