Yesy Yáñez
Poeta recién llegado
Cantaba el cielo alguna
nota pausada y el cabello
blanco que había muerto
algunas veces en mi vida,
reposaba en las paredes
de un encanto encerrado,
una bocina en la mano del
recuerdo y un punto
que gritaba en la confusión
de la puerta que se cierra,
madera negra y aerosol
de paja, o cortina voladora
de las mesas, un gato que
maullaba: ¡Éste es tu cuerpo!,
y su cuerpo alma y carne
no escuchaban, y su oído
eran las voces del momento,
la voz habla y calla,
indecisa la corriente de la sangre,
y el corazón del infinito palpitaba
dentro de la rama pecadora,
que yacía bajo un rústico
disco de dedos de papel
enjaulados con llamas
que congeladas auroras
y boreales colores desprendían.
un caos, una vela, una plumilla
besaban el punto F de una hoja.
Y yo estaba ahí