ana cristna
Poeta recién llegado
Te recuerdo, niña,
bajo la sombra de mi tristeza,
donde la luz se desvanece
junto al lamento inútil de mi pesar
Te recuerdo
¡Oh niña!
jugando ajena,
a tu destino final
Te recuerdo, niña,
frágil como la amapola
agarrándote a la tierra con firmeza,
donde no hubo vendaval
que te hiciera doblegar.
Te recuerdo, niña,
acunando la muñeca,
aquella que te hizo despertar
el instinto maternal.
Te recuerdo, niña,
galopando sobre la silla,
donde el golpear de sus patas al pavimento
te llevara lejos de aquel lugar
te recuerdo,
¡Oh, niña!
como tus ojos
se llenaban de tristeza
de dolor
de terror...
al envolverte la brisa
con aquel extraño aroma a alcohol.
cuando los cuentos de hadas, de príncipes y princesas
se convertían en cuentos verídicos de terror.
bajo la sombra de mi tristeza,
donde la luz se desvanece
junto al lamento inútil de mi pesar
Te recuerdo
¡Oh niña!
jugando ajena,
a tu destino final
Te recuerdo, niña,
frágil como la amapola
agarrándote a la tierra con firmeza,
donde no hubo vendaval
que te hiciera doblegar.
Te recuerdo, niña,
acunando la muñeca,
aquella que te hizo despertar
el instinto maternal.
Te recuerdo, niña,
galopando sobre la silla,
donde el golpear de sus patas al pavimento
te llevara lejos de aquel lugar
te recuerdo,
¡Oh, niña!
como tus ojos
se llenaban de tristeza
de dolor
de terror...
al envolverte la brisa
con aquel extraño aroma a alcohol.
cuando los cuentos de hadas, de príncipes y princesas
se convertían en cuentos verídicos de terror.