“Te conocí, ¡Oh, triste melancolía!
bella cautiva del fragor
incesante de la cruel batalla,
que en mi alma se debate…
Calmad mi sed con las aguas
rebosantes de poesía,
de las descalzas estrofas que,
anudadas a los lirios
cultivados con las suaves
manos del verso, sucumbe
en medio de la brisa, en su vuelo
fugaz, hacia un amanecer,
para perpetuarse en los
remolinos de la aurora…”
bella cautiva del fragor
incesante de la cruel batalla,
que en mi alma se debate…
Calmad mi sed con las aguas
rebosantes de poesía,
de las descalzas estrofas que,
anudadas a los lirios
cultivados con las suaves
manos del verso, sucumbe
en medio de la brisa, en su vuelo
fugaz, hacia un amanecer,
para perpetuarse en los
remolinos de la aurora…”