GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Maneja su taxi
por las inhóspitas calles
de la ciudad carnívora,
que mastica gente
y nunca deja propina.
Doce,
catorce
rutinarias horas diarias.
En el asiento delantero
hace de analista político
sin partido, ni electores,
deportivo
sin gambeta, ni estadio,
galán ocasional
según el semáforo,
consejero matrimonial
sin pareja efectiva,
ni fe en el amor.
Llega justo
para ver el partido,
a veces a Mirta,
a Susana,
al charlatán futbolero,
y la catarata de quejas
de la esposa propia
y ajenas,
todas convencidas
de tener razón,
en horario prime time.
Cuando se da cuenta
ya es hora de dormir.
O de seguir despierto,
que es casi lo mismo.
No hay tiempo
para leer a Foucault,
recomendado con solemnidad
por el Indio,
ni a Artaud,
con dramatismo importado,
aconsejado por Spinetta,
ni a Bukowski,
con resaca ajena,
por Fito.
Carga combustible.
Limpia el auto.
Carga paciencia.
Y vuelve a salir
a manejar
doce,
catorce
rutinarias horas diarias,
porque el mundo gira,
sigue girando,
como si no supiera
hacer otra cosa
mejor.
G.G.G.
JUNIO/2026