milner sardon colque
Poeta recién llegado
quizás en el cielo donde no se llora ni se sufre;
veíase a un ángel llorar.
de sus ojos dos cristalinas gotas nacían,
y como el roció sobre la rosa, se deslizaban por su mejilla;
que al caer de ella parecían dos cometas errantes en el espacio
buscando un destino para estallar el dolor que llevan dentro.
en un grito, quizás tan fuerte, pero silencioso, sus labios expiraban
el dolor acumulado en su corazón.
desesperado con ansias de libertad, como un ave enjaulado,
su alma luchaba por salir de su cuerpo.
empapado de lagrimas, su cuerpo resplandecía.
en su expirar parecía decirme: ¡acércate dame consuelo!,
pero su mirar inmovilizaba mi cuerpo.
quise beber de sus lagrimas para comprender el dolor que ella sentía.
de su expirar, en una suave brisa que se me acercaba; en mi rostro
estallaba un vendaval de llanto, clamandome consuelo.
mi alma, a mi cuerpo, parecía abandonarlo, para estar al lado de su alma.
mi mano cogía ami otra mano, confundiéndose con la de ella;
pero mi mente en su delirio reaccionaba y mandaba amis manos a que agarrase
las de ella;
pero mi timidez como una cadena de hierro, me ataban hacia ella;
y sin darme opción a nada, yo me resigne, y fue entonces en que llore
y mis lagrimas se convirtieron en lluvia.
grité, y los relámpagos que azotan la tierra, fue a causa de mi ira.
el lamento que se oye en las noches, son de mi alma.
el frió que se siente en el invierno, es de mi cuerpo.
el eco que responde a tu voz, es mi voz que clama libertad.
maldecido y condenado me refugio en todo llanto;
y hasta del llanto soy expulsado en lagrimas.
bebo de cada lagrima y aun no comprendo por qué se llora.
en la oscuridad busco una luz, con una luz a expirar.
como un zombi deambulo por las calles mirando rostros
en busca de un rostro.
una y otra vez mi mente evoca la imagen del ángel que llora,
y yo, desde entonces quiero volver al pasado,
para darle mi hombro y cargar con su dolor;
quiero agarrar de sus manos para no soltarle ni después de la muerte.
veíase a un ángel llorar.
de sus ojos dos cristalinas gotas nacían,
y como el roció sobre la rosa, se deslizaban por su mejilla;
que al caer de ella parecían dos cometas errantes en el espacio
buscando un destino para estallar el dolor que llevan dentro.
en un grito, quizás tan fuerte, pero silencioso, sus labios expiraban
el dolor acumulado en su corazón.
desesperado con ansias de libertad, como un ave enjaulado,
su alma luchaba por salir de su cuerpo.
empapado de lagrimas, su cuerpo resplandecía.
en su expirar parecía decirme: ¡acércate dame consuelo!,
pero su mirar inmovilizaba mi cuerpo.
quise beber de sus lagrimas para comprender el dolor que ella sentía.
de su expirar, en una suave brisa que se me acercaba; en mi rostro
estallaba un vendaval de llanto, clamandome consuelo.
mi alma, a mi cuerpo, parecía abandonarlo, para estar al lado de su alma.
mi mano cogía ami otra mano, confundiéndose con la de ella;
pero mi mente en su delirio reaccionaba y mandaba amis manos a que agarrase
las de ella;
pero mi timidez como una cadena de hierro, me ataban hacia ella;
y sin darme opción a nada, yo me resigne, y fue entonces en que llore
y mis lagrimas se convirtieron en lluvia.
grité, y los relámpagos que azotan la tierra, fue a causa de mi ira.
el lamento que se oye en las noches, son de mi alma.
el frió que se siente en el invierno, es de mi cuerpo.
el eco que responde a tu voz, es mi voz que clama libertad.
maldecido y condenado me refugio en todo llanto;
y hasta del llanto soy expulsado en lagrimas.
bebo de cada lagrima y aun no comprendo por qué se llora.
en la oscuridad busco una luz, con una luz a expirar.
como un zombi deambulo por las calles mirando rostros
en busca de un rostro.
una y otra vez mi mente evoca la imagen del ángel que llora,
y yo, desde entonces quiero volver al pasado,
para darle mi hombro y cargar con su dolor;
quiero agarrar de sus manos para no soltarle ni después de la muerte.
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