Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Tal vez hubiera una última ocasión
o, quizás, no llegara nunca a despedirme.
Encuentro en ti un recuerdo de mí
bajo este cielo raso a golpe de tormentas
y soterradas raíces de ceguera.
Deja que la lluvia se lleve este luto,
tú ya conoces bien mi herida.
Tan solo si la vida fuera lo que amas
te urgiría de amor sabiendo que vivir
sin ti me ha vuelto más frágil y que la noche
es predecible como flor que se afirma
por su aroma. Ambos sabemos que la vida
es un reloj que nunca quiso detenerse,
un tren que ya ha partido.
Cuando la luz se va y los andenes
se han vuelto huidas solitarias,
puedo escuchar tu voz entre las voces del silencio,
y ese ruido de afuera que va metiéndose adentro.
Si aún puede oírme, acógeme en tu cielo
de campanas y alas tristes, pues pierdo pie y memoria.
o, quizás, no llegara nunca a despedirme.
Encuentro en ti un recuerdo de mí
bajo este cielo raso a golpe de tormentas
y soterradas raíces de ceguera.
Deja que la lluvia se lleve este luto,
tú ya conoces bien mi herida.
Tan solo si la vida fuera lo que amas
te urgiría de amor sabiendo que vivir
sin ti me ha vuelto más frágil y que la noche
es predecible como flor que se afirma
por su aroma. Ambos sabemos que la vida
es un reloj que nunca quiso detenerse,
un tren que ya ha partido.
Cuando la luz se va y los andenes
se han vuelto huidas solitarias,
puedo escuchar tu voz entre las voces del silencio,
y ese ruido de afuera que va metiéndose adentro.
Si aún puede oírme, acógeme en tu cielo
de campanas y alas tristes, pues pierdo pie y memoria.