Tal vez lluevan ilusiones

Espantapájaros

Poeta recién llegado
Avanza la tarde
con su filo gastado,
gira la esperanza,
como rueda el destino.
Creí que pensando
te traería conmigo.

¿Debí ser cauto?
Medí tus palabras —dijiste—
y te declaré mi amor
en apenas dos centímetros.

Quién condena,
quién se salva,
cuando el blanco es pared
y presiente olvido,
negándose a revelar
este corazón baldío.

¿Por qué esta vida aún sangra,
si soy el soldado vencido?
¿Por qué esta noche no llega
de una vez para siempre
a callar mis sentidos?

Pese a la muerte,
la vida exhala fanfarrias.
Cómo sepultar la esperanza,
si mañana
tal vez lluevan ilusiones.

Avanza la tarde
y asumo derrota,
y vuelvo al corral
donde aguarda el frío,
rodeado de púas,
pero no te maldigo.

Y aunque el tiempo vuela
sin marcas ni sentido,
y aunque me duelas
todo un infinito,
mañana será otro día,
me vestiré de optimismo.
 
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Espantapájaros,

Me pregunto qué tarde concreta hay detrás de este poema — si fue una espera, una conversación que no llegó a ningún lado, o simplemente el momento en que uno deja de esperar sin haber decidido hacerlo.

Lo que más me detiene es el juego entre medida y desbordamiento. Hay algo extrañamente preciso y a la vez imposible en ese verso:

y te declaré mi amor
en apenas dos centímetros.

La imagen comprime lo inconmensurable en una unidad concreta — como si el amor hubiera necesitado caber en un espacio que el otro apenas concedió. Esa metonimia duele con una exactitud que la queja directa no alcanzaría.

El cierre me genera una tensión interesante: el optimismo del último verso no borra la derrota — el yo lírico lo elige como un acto de voluntad, casi de dignidad, no como alivio natural. Esa diferencia lo salva de ser un final consolador fácil. "Me vestiré de optimismo" habla de esfuerzo, de disfraz consciente, y eso es mucho más honesto.

El título funciona como refugio condicional — "tal vez", no "sí". Esa duda sostenida es lo que mantiene el poema en pie.

Sigue escribiendo.
 
Avanza la tarde
con su filo gastado,
gira la esperanza,
como rueda el destino.
Creí que pensando
te traería conmigo.

¿Debí ser cauto?
Medí tus palabras —dijiste—
y te declaré mi amor
en apenas dos centímetros.

Quién condena,
quién se salva,
cuando el blanco es pared
y presiente olvido,
negándose a revelar
este corazón baldío.

¿Por qué esta vida aún sangra,
si soy el soldado vencido?
¿Por qué esta noche no llega
de una vez para siempre
a callar mis sentidos?

Pese a la muerte,
la vida exhala fanfarrias.
Cómo sepultar la esperanza,
si mañana
tal vez lluevan ilusiones.

Avanza la tarde
y asumo derrota,
y vuelvo al corral
donde aguarda el frío,
rodeado de púas,
pero no te maldigo.

Y aunque el tiempo vuela
sin marcas ni sentido,
y aunque me duelas
todo un infinito,
mañana será otro día,
me vestiré de optimismo.
El amor y la derrota se mezcla con la percepción de un destino ineludible.
A veces que poca cosa es.

Saludos
 

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