James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Todo estaba mudo, nido de un silencio, que alterando el tiempo, solo habla de dentro.
Y como un lamento, en una corriente, del mal sonriente, que se hace de dientes de mordida intensa, del grito desnudo cuando se hace canto, de llanto sufriente de lo que se siente al soñar los labios. Y en el campanario va saltando agravios como campanadas que cuentan las doce.
Y en el chapitel solo y abrazado, un demonio alado, que es su nuevo amante, le mira un instante, porque llega tarde. La noche se deja una oreja muda, cuando le saludan nuevos feligreses, y en el corazón late la ambición, en la comunión del Señor oscuro...
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