Magigozartor Agatho
Poeta recién llegado
sobre las piedras deje con sudor las huellas
una respiración que aprendió a extrañar,
grito ensordecedor de la tierra,
faltaron abanicos de palabras, cuando el sofoco poso sobre mi táctica.
Abandonó a la luz la despedida, mientras algo se enredo en mis latidos,
cuando la luna gritaba que ya salía, las caras endebles se asustaron,
dejar sobre las piedras a las letras, escribir anécdotas con cera, fue una ley que ejercieron las velas negras.
moldee memorias de porcelana, respire el viento que dejaron los escarabajos,
soñé con sombras a oscuras, y desperté a encender las luces.
Ya era tarde para los manteles, la cena del conde no fue servida
así como espere ser himno a tono de susurros,
como una historia de ficción
narrada en la mente de los abrazos.
La noche no fue para los gatos, ni las estrellas veían a su iniciado,
y el sol caía sobre una mano, marcada con otras cicatrices,
a la vez corrieron las liebres sobre las armaduras caídas,
y envidiosos quedaron los cementerios.
En el humo del incienso se formaban los cuernos
que encajaron sobre cada demonio hecho de respiraciones agitadas,
en cada piedra que dejo atrás el camino mil serpientes mudaron su piel,
un tren de agua se evaporaba en el desierto,
un sonámbulo de papel no dormía con mis letras...
se quedaron las pestañas dibujadas sobre las yemas de unos dedos,
desplego el fénix de carne sus alas desde una boca encenizada,
sobre las piedras cayeron los cigarrillos que se fumo el razonamiento
y escucharon los búhos, el grito que desprendió el lago
al haberte reflejado el rostro de un bosque...
Un bosque sobre piedras.
una respiración que aprendió a extrañar,
grito ensordecedor de la tierra,
faltaron abanicos de palabras, cuando el sofoco poso sobre mi táctica.
Abandonó a la luz la despedida, mientras algo se enredo en mis latidos,
cuando la luna gritaba que ya salía, las caras endebles se asustaron,
dejar sobre las piedras a las letras, escribir anécdotas con cera, fue una ley que ejercieron las velas negras.
moldee memorias de porcelana, respire el viento que dejaron los escarabajos,
soñé con sombras a oscuras, y desperté a encender las luces.
Ya era tarde para los manteles, la cena del conde no fue servida
así como espere ser himno a tono de susurros,
como una historia de ficción
narrada en la mente de los abrazos.
La noche no fue para los gatos, ni las estrellas veían a su iniciado,
y el sol caía sobre una mano, marcada con otras cicatrices,
a la vez corrieron las liebres sobre las armaduras caídas,
y envidiosos quedaron los cementerios.
En el humo del incienso se formaban los cuernos
que encajaron sobre cada demonio hecho de respiraciones agitadas,
en cada piedra que dejo atrás el camino mil serpientes mudaron su piel,
un tren de agua se evaporaba en el desierto,
un sonámbulo de papel no dormía con mis letras...
se quedaron las pestañas dibujadas sobre las yemas de unos dedos,
desplego el fénix de carne sus alas desde una boca encenizada,
sobre las piedras cayeron los cigarrillos que se fumo el razonamiento
y escucharon los búhos, el grito que desprendió el lago
al haberte reflejado el rostro de un bosque...
Un bosque sobre piedras.